domingo, 21 de mayo de 2017

Donde vayas, nunca dejes de sonreír

Peque, el miércoles amaneció lluvioso y desapacible. Como si fuera el presagio del desenlace que todos esperábamos a pesar de nuestro deseo de rebelarnos contra ello. Peque, el miércoles fue largo y triste, aunque no menos que la madrugada del jueves o los días anteriores.

Todos estos días han sido lo contrario a ti. Fueron oscuros y grises, llorosos y ausentes de esperanza. Injustos e incomprensibles. Insoportablemente dolorosos, tanto que a veces costaba respirar. Fueron días que nos gustaría desterrar de nuestra memoria para siempre. Desearíamos fingir que fue una perversa pesadilla, producto de alguna de esas películas de terror que tanto te gustaban. O uno de esos chistes malos que tanto te hacían reír.

Peque, se nos desgarra el alma con la misma fuerza que antes nos robabas una sonrisa o sentíamos el deseo de abrazarte interminablemente. Eras ese pequeño oso de peluche que todos habíamos guardado en un armario al llegar nuestra adolescencia. Eras eso y un millón de cosas más: inteligencia, ingenio, bondad, curiosidad, sencillez, dulzura, ingenuidad, talento, generosidad, independencia... Fuiste eso y decenas de adjetivos. Nunca he conocido a nadie que fuera capaz de reírse así de sí mismo. Y nunca se supo de una heroína cuyo mayor súper poder fuese ser súper lenta.

Peque, estos días han sido una auténtica puta mierda, ni imaginas cuánto. Pero también fueron días en los que nos sentimos extrañamente reconfortados. Ni te figuras la cantidad de amigos que vinieron a despedirse de ti, llegaron un montón de ellos desde Irlanda y muchos más de otras partes de España. Lloraron de pena, pero al final terminaron haciéndolo de risa recordando las miles de anécdotas graciosas vividas contigo. No te haces una idea de todos los mensajes que han escrito en el muro de tu Facebook, palabras cargadas de sentimiento escritas por gente a la que hiciste sentir especial.


Se va a hacer duro, Peque. Te vamos a extrañar cada día, te vamos a echar mucho en falta; por eso me he propuesto una cosa: nunca hablar de ti en pasado, imaginando que te has ido a vivir muy lejos. Tanto que nos resulte imposible visitarte, pero lo suficientemente cerca como para continuar hablando de ti en presente. Te quiero mucho, cuñada.