lunes, 5 de junio de 2017

II Memorial Raúl Jiménez Martín


Acabamos de terminar el primer Memorial pero no podemos perder la fuerza que ha tenido, debemos aprovechar la inercia. La idea para el II Memorial Raúl Jiménez Martín es llevar a cabo un evento diferente que termine por convertirse en una referencia dentro del baloncesto nacional.  

Constará de un seminario y un clínic (las fechas las definiremos más adelante), pero comprenderán la tarde de un viernes, y el sábado durante todo el día.

Llegaremos a un acuerdo con un hotel con el propósito de conseguir el mejor precio posible para alojarnos allí y disponer de unas instalaciones donde poder llevar a cabo el seminario las tardes del viernes y del sábado. La idea (la cual surgió de Jorge Elorduy y Gonzalo García de Vitoria), será compartir ideas y conocimientos. Partiríamos de unos temas de discusión que propondremos (se aceptarán sugerencias) con tiempo para que cada uno decida cuál es el más interesante a su juicio y, según determine la mayoría de los asistentes, discutir sobre los más votados.

Nos servirá para conocernos mejor, hablar de nuestras experiencias y de las inquietudes y temores que tenemos.

El sábado tendrá lugar un clínic con 4-6 ponentes y debatiremos posteriormente sobre lo planteado durante estas charlas.

Como no todo va a ser trabajar, las noches del viernes y del sábado tendremos una cena donde aún nos conoceremos mejor; no me cabe duda.

Abriremos un plazo de inscripción para poder hacer las reservas y tener un control del número de asistentes. Las plazas serán limitadas y el precio será únicamente lo que cueste el alojamiento y las cenas. El propósito es ser mejores, no hacer negocio.


No encontramos mejor manera de continuar honrando a Raúl. 

¡Gracias por hacerlo posible!

Han sido unas semanas de ritmo frenético; y un fin de semana cargado de intensidad y emociones. Escribir siempre me ayuda a poner en orden las ideas, produce en mí un efecto emocional que termina por proporcionarme el equilibrio. Supone, en cierto modo, un ajuste.

Esta mañana pensaba que la generosidad de la organización de un memorial esconde un cierto egoísmo. Porque más allá del motivo primigenio, todos queremos compartir nuestro dolor para mitigarlo en cierto modo. Buscamos encontrarnos con amigos para recibir abrazos que nos reconforten. Y provocamos momentos hilarantes que nos provoquen una sonrisa y disfracen nuestra pena.

La cena del viernes noche estuvo llena de emoción: por volver a ver a Clota y a Tomás, los padres de Raúl. Por reencontrarme con Laura, la prima de Raúl. Esa que ahora es la mía. Ella perdió a un primo, yo a un amigo, y decidimos emparentarnos para llenar ese vacío. Por coincidir de nuevo con Daniel, el hermano de Raúl. Por conocer a Nati, su otra prima, a su tía Alicia, esa que le surtía permanentemente de ibéricos cada vez que estaba en el extranjero. También por conocer a Mónica, la mujer de Tomás, carácter y generosidad. Por volver a coincidir con Jordi, el compañero que se convirtió en amigo durante la dura experiencia compartida. Y por volver a estar con Lars, presidente de Nässjö Basket, y Agneta, su mujer. Dos personas que son el significado de humanidad y consideración. Hubo muchos sentimientos en aquella mesa, muchos abrazos, algunas sonrisas y más de una lágrima.

El sábado me sorprendí a mí mismo amaneciendo nervioso, con una sensación de responsabilidad y compromiso desconocida hasta entonces. Habíamos trabajado para que todo saliera a la perfección, pero la incertidumbre siempre se convierte en inevitable compañera.

Las ponencias de la mañana fueron excelentes: Piti, Paco, Diego y Jota estuvieron soberbios. Cuatro extraordinarios comunicadores que nos hablaron de temas muy diversos y que atrajeron a unas 120 personas al polideportivo San José.

Después apenas comimos, aquellos cachopos salieron mal y tarde. Pero mereció la pena ver a más de 30 personas sentadas alrededor de todas aquellas mesas que fuimos amontonando a medida que se iban otros clientes. La familia de Raúl mezclada con muchos de sus amigos. Fue un momento distendido antes de asistir a un Memorial que nos emocionaría a todos.

Llegaron las palabras de recuerdo cargadas de sentimiento y afectividad. Los ex jugadores de Raúl ocupaban el centro del campo junto con los representantes de las instituciones. Nora y Borja mostraron nuestro agradecimiento a los colaboradores y recordaron la figura de Raúl. Cuando la familia de este bajó al campo llegó el momento más duro y emotivo. Únicamente los que allí estuvimos sabemos cómo fue la atmósfera que allí se creo, describirlo resulta imposible.

Tras aquel momento, Roberto Núñez nos recordó que el talento no se pierde aunque la forma no acompañe. Al igual que Rubén Ibeas demostró que el tirador lo es de por vida.
La mañana del domingo clausuramos el Memorial con cuatro grandes entrenadores, dos de ellos buenos amigos de Raúl: Arturo y Gonzalo. Después Óscar, antes de su ponencia, nos contó un par de anécdotas sobre nuestro amigo. Y el maestro Pepe Laso cerró aquello a lo grande.

Al final, como siempre, llegó la despedida. Todos nos quebramos un poco; pero para mitigar el impacto, preferimos decirnos un hasta pronto en lugar de adiós.

Después regresé a casa en la compañía de Pilar, mi mujer. Esa compañera generosa que siempre está ahí y nunca me falla. Gracias por tanto.

Y gracias a todos los que habéis hecho que honrar la memoria de Raúl haya sido posible. Amenazamos con regresar el próximo año y, al igual que nuestro amigo, nosotros también cumplimos nuestra promesas. (Nora, Chema, Guillermo, Borja, Paco y Sergio seguro que están de acuerdo conmigo)