miércoles, 9 de noviembre de 2016

La democracia

Por lo general, tenemos una visión muy particular de lo que significa la democracia. Nos gustan los resultados siempre y cuando la opción elegida por la mayoría sea la que nosotros defendemos. Si ocurre lo contrario, tendemos a utilizar unos cuantos calificativos despectivos sobre los votantes del signo contrario.
 
Las reacciones a la victoria de Donald Trump no nos son ajenas en España. El PP perdió prácticamente tres millones de votos entre las elecciones de 2011 y 2015, pero a muchos no nos pareció suficiente. Quizás pensamos que nadie debía votarles. E incluso nos atrevimos a meter a todos sus votantes en el mismo saco, aquel en el que habitan los diferentes dirigentes corruptos que ha tenido ese partido. “En España somos gilipollas”, “tenemos lo que nos merecemos”, “¿cómo es posible que estos tíos vuelvan a ganar con lo que han hecho en estos cuatro años?, recortes en sanidad y educación, recortes sociales y recortes en las libertades de los ciudadanos, magníficamente representados por la ley mordaza”. “Me exilio”.
 
Ahora llegan las reacciones de la gran mayoría del mundo ante la victoria de Trump. “Estos americanos, además de gilipollas, son unos analfabetos”. “¿Cómo es posible que gane un fulano que es un demagogo, un xenófobo, un homófobo, un misógino y un narcisista ególatra y grotesco?”.
 
Y así podría continuar con un sinfín de sentencias.
 
Nadie daba un penique por Trump, pero no solo como posible presidente, sino como candidato republicano. Dentro de su partido fueron muchos los que le menospreciaron y dieron la espalda: Ted Cruz, Ryan, Rubio y los Bush. Además ha tenido que superar todos los apoyos que recibió Hillary Clinton: Barack y Michelle Obama, Bill Clinton, Jay C y Beyoncé, Bruce Springsteen, LeBron James y todo Hollywood. Además de todos los medios estadounidenses y Wall Street. Clinton gastó en la campaña 600 millones de dólares provenientes de donaciones. Trump 200 milones, todos de su bolsillo. Como dice mi hermano el de Miami, era una lancha contra un portaviones.  
 
A Trump le han votado más de 59 millones de estadounidenses, demasiada América profunda, demasiado analfabetismo. ¿Cómo es posible que haya ganado con las barbaridades que ha dicho? ¿Cómo es posible que un patán, con tan poca formación, se convierta en presidente de los Estados Unidos?
 
Las preguntas están mal formuladas, algunas deberían ser estas: ¿Qué ha llevado a 59 millones de personas a votar a un tipo semejante? ¿Qué futuro ambiciona esa gente cuando elige a alguien así? ¿Qué propuestas ha presentado Clinton para que medio país las rechazara?
 
Dentro de esos 59 millones tiene que haber de todo: tipos que no sepan hacer la o con un canuto, racistas y especímenes de complicada calificación. Pero seguro que también hay personas que están cansadas de casi todo y sin apenas esperanza. La alternativa tiene la responsabilidad de que gran parte de ese voto se produzca.
 
Marine Le Pen se frota las manos, como otros muchos. Y antes de que llegue ese fatídico día y comencemos a echar la culpa a sus millones de votantes, se deberían construir propuestas alternativas que verdaderamente aborden las necesidades reales de la época en la que vivimos.
 
Nos guste o no, esto es la democracia. Aunque a muchos a veces nos joda.