martes, 5 de julio de 2016

Cuestión de necesidad


Imagina una liga en la que jugaron: Llull, Mirotic, Nocioni, Prigioni, Calderón, Scola, Splitter, Ibaka, Abrines, Oleson, Albert Oliver, Lawal, Lima, Faverani, Antelo, Rafa Martínez, Savané y Hamilton (menuda pareja), Lou Roe, Roger Grimau, Perasovic, Larry Lewis, Nacho Romero, Bernard Hopkins y Andy Panko (otra parejita), Darrell Lockhart, Devin Davis o Linton Townes (aquí he querido darme el gustazo).  

Imagina esa misma liga en la que hubo entrenadores como: Xavi Pascual, Laso, Pedro Martínez, Txus Vidorreta, Casadevall, Casimiro, Maldonado, Peñarroya, Moncho Férnandez, Ponsarnau, Fisac, Ricard Casas, Paco Olmos, Aranzana, Paco García, Luis Guil, Moncho López, Curro Segura, Oscar Quintana, Julio Lamas o Manel Comas.

Todos ellos jugaron o entrenaron en la LEB. Me dejo a unos cuantos, a muchos. Podría escribir, al menos, un par de decenas más y seguiría manteniendo el nivel.  

Hoy la LEB no es lo que era, ni de lejos, y da la impresión de que a muchos les va bien así. Ascender hace tiempo que dejó de ser un sueño para convertirse en una pesadilla cargada de frustración e impotencia. Equipos que se lo ganan en la cancha, aficiones a las cuales la ilusión les dura el mismo tiempo que tarda en llegar la zozobra y directivas que buscan recursos donde saben que jamás los van a encontrar. Mientras tanto, otros descienden y se mantienen. El retrato de este país.

Ahora se proponen ascensos en diferido, lo que nos avocaría a una temporada absolutamente intrascendente.

Las reglas no se ajustan a la realidad actual, mientras que en el fútbol te cae una pasta al ascender, aquí tienes que empeñar hasta los ojos. La FEB ha dejado abandonadas todas esas ligas, que son las suyas, no se nos olvide. Veranos eternos, ampliaciones de plazos y cada vez más precariedad. Dicen que soplan nuevos vientos, que llegan nuevas ideas y que los candidatos a presidente vienen cargados de buenas propuestas. Ojalá sea así, por el bien de todos.

La LEB fue la última parada de alguno de los citados; aunque, en su gran mayoría, se convirtió en la estación de partida. No es una cuestión de romanticismo, que tan bien, sino de necesidad.