lunes, 20 de junio de 2016

Elosúa (4ª Parte)


El mismo día 11, el Comité Técnico de la Junta de Castilla y León me había sancionado a perpetuidad para ejercer como entrenador-delegado en juegos escolares. 

Yo tenía una excelente relación con José Antonio Ferrero, ordenanza del Padre Isla, quien a su vez conocía al Jefe de Servicio de Cultura y Turismo, organismo del que dependían los juegos escolares. En la mañana del jueves 13 nos presentamos en su despacho, le explicamos lo sucedido y fue a revisar el acta del partido de aquel día. Escrita con dos letras diferentes, en ella se decía textualmente: "una persona del público que fue reconocida por los árbitros como delegado de San Claudio y jugador júnior del C.B. Elosúa León, se acercó a la mesa diciendo al árbitro auxiliar amenazándole contundentemente diciéndole: "como pites otra técnica más te abro la cabeza". Tras tirar los tiros libres entró en el campo y no queriendo abandonarlo tras las indicaciones del árbitro principal, tras esto se acercó al árbitro auxiliar y asestó 4 puñetazos brutales en la cara de este rompiéndole las gafas al susodicho y al árbitro principal le asestó dos empujones. Al final tuvo que ser parado por la fuerza pública".
No hay persona en el mundo que pueda imaginar mi cara de estupefacción. Tras el impacto inicial, mi cabeza comenzó a dar vueltas. Empecé a entender todo lo que había pasado y ver cuál era la dimensión del asunto. Lo primero que pensé fue (voy a suavizarlo): "ya os tengo. La habéis cagado y bien, mentirosos de mierda". También imaginé qué hubiera sido de la cara del susodicho si realmente le hubiese asestado cuatro puñetazo brutales. Lo que concluía que, estando allí la policía, la tarde de aquel sábado yo debía de haberla pasado en comisaría y él en urgencias.
Disponía de cinco días para presentar recurso, manos a la obra. Por mediación de mi tío, que había sido concejal, conseguimos los certificados de la Policía Nacional y Local en los que se aseguraba que no habían estado aquel día ni aquella hora en el patio de Legio y que, por descontado, no habían intermediado en ninguna pelea.


En aquella época era el Presidente de la Junta de Delegados y miembro del Consejo Escolar del instituto. Mis padres fueron a hablar el jueves día 13 con Bernardino González, director del Padre Isla. Quien les tranquilizó y redactó una carta explicando mi comportamiento en el centro y mi grado de implicación en el mismo.

Con todo aquello, Vicente Canuria preparó un recurso que dirigió el 18 de febrero al Comité de Disciplina Deportiva de Castilla y León.  Ese mismo día escribí y envié una carta a José Luis López Dóriga, presidente del Elosúa. En ella le explicaba qué significaba para mí el deporte y jugar en el Elosúa; también le adjuntaba el recurso y todos los documentos. Del mismo modo, le solicitaba que me comunicaran por escrito mi expulsión del equipo. La suerte en esto tampoco estaba de mi lado, jamás recibí contestación alguna.  

El 26 de mayo de 1992 recibí el fallo del Comité de Disciplina Regional, en el se decía textualmente: "Con relación a la sanción impuesta a Don Félix Jacinto Alonso García procede declarar su anulación".