miércoles, 17 de febrero de 2016

El árbitro, aquel enemigo


Fui educado en una cultura deportiva en la que el árbitro era el enemigo, su honestidad no estaba en tela de juicio, sencillamente carecía de ella. Su mala intención resultaba evidente, y únicamente nuestro talento podía conducirnos a una victoria plagada de obstáculos. Se nos inculcó que eran unos incapaces, unos frustrados del baloncesto que habían encontrado acomodo en una ocupación que les permitía descargar su fracaso sobre las personas que disfrutaban de un privilegio que a ellos se les había negado. En nuestra incipiente juventud, corrimos detrás de ellos más de una vez, de lo cual me avergüenzo. Ese fue el único elemento educacionalmente tóxico que recibimos en aquel patio.
El tiempo suele curarlo casi todo, especialmente el mal juicio; como nos ocurrió a muchos de nosotros. La experiencia me mostró el camino que no me enseñaron y los años terminaron por curar una estupidez de la que no siempre uno se recupera.
Los partidos me han ido acercando a muchos de ellos, como en la boda de Juanín, donde me encontré rodeado por media LEB, en aquella mesa redonda que parecía tener esquinas, con la única la protección de mi mujer: “no te preocupes, yo te defiendo”, dijo con una sonrisa irónica. No fue tan traumático, seguimos hablándonos y quedando de vez en cuando para cenar; aunque menos de lo que nos gustaría.
Nos falta mucha educación y aún más tolerancia. Hay ocasiones en las que resulta recomendable marcar el camino de los otros antes que dejar al azar tal suerte. Los profesionales del deporte tenemos gran responsabilidad en ello. La mimesis puede ser un devastador modo de aprendizaje y nuestro comportamiento debe ser ejemplar o acercarse a ello.
Hay árbitros poco profesionales, con todo lo que ello significa, pero como dentro de cualquier colectivo, entrenadores incluidos. Pero no es la elección de la actividad la que determina la profesionalidad o la ética, sino la manera con la que cada individuo se prepara para el trabajo que realiza.  
Después de tantos años, he concluido que son otros los frustrados y los mediocres.
Aquí os dejo un post que escribí hace un par de años sobre el deporte escolar, los padres y los árbitros: http://www.felixjalonso.com/2014/03/que-los-ninos-sean-ninos.html?m=1