martes, 28 de junio de 2016

New Mexico Lobos (2ª Parte)


La primera mañana no se me ocurrió otra cosa que buscar una cafetería en la que pudieran darme leche con Cola Cao. Me tendrían que haber dado otra cosa, por idiota. Como en el lejano oeste aquello resultaba misión imposible, en su defecto, desayuné una tortilla francesa con frijoles. Entendí que no sabía nada sobre el picante hasta que probé aquello, durante tres meses tuve los morros como el moro Muza.

Entre resoplido y resoplido, Antonio y yo nos íbamos poniendo al día de quién era cada cual. Travis vino a buscarnos, nos dio un garbeo por la ciudad para que nos ubicáramos y después fuimos al pabellón. Allí conocimos a Fran Fraschilla, a Darren Savino (hoy ayudante en Cincinnati), a Joe Dooley (entrenador jefe en la actualidad en Florida Gulf Coast University) y a Troy Weaver (hoy scout de Oklahoma City Thunder y futuro General Manager de un equipo NBA; al tiempo)

The Pit (el pozo, el hoyo), que es como se llama el pabellón, apenas decía gran cosa visto desde el exterior, el edificio tenía una altura de escasamente ocho metros  y nada hacía pensar que su capacidad fuera tan grande. Como allí dicen: "una milla de altura pero 37 pies bajo tierra". Desde la calle se accedía directamente a las oficinas, a la sala de trofeos y reuniones, a los despachos de los entrenadores y al cuarto de edición y montaje de vídeo.  Los vestuarios estaban ubicados en ese mismo nivel y para acceder a la pista debías bajar un rampa larga y pronunciada. Nunca olvidaré cuando por allí me crucé a solas con Kaspars Kambala (podéis buscar su foto si no os acordáis de él, no la pongo porque este post me está quedando muy elegante), me arrimé a la pared cuanto pude y traté de hacerme invisible.

El campo antes de la remodelación (2008) tenía capacidad para 18 mil espectadores. En la actualidad el aforo es de 14.500 y se llena siempre que hay partido. Durante los últimos 49 años siempre han estado en el top 25 de asistencia en la NCAA. Cada aficionado va vestido con su prenda roja de los Lobos, lo cual proporciona un colorido espectacular. El ambiente que allí se vive es extraordinario, aquí os dejo un enlace para que podáis comprobar la atmósfera que se genera. https://www.youtube.com/watch?v=ywRTSc5JNX8

Costaba mucho no cerrar la boca durante los primeros días. Al poco de llegar nos dieron un Chevrolet Monte Carlo, podría inventarme el año, pero bastante que me acuerdo del modelo. Menudo barco, con aquel cambio automático situado donde debería estar el limpiaparabrisas. Imagino que algún día de lluvia cambiamos de marcha por tocar donde no debíamos.
El apartahotel en el que vivíamos era un lujo, habitaciones amplias con una pequeña cocina y una sala de estar. Tenía pinta de que aquello se iba a convertir en una experiencia interesante, algo vital, como así fue.

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