domingo, 19 de junio de 2016

Elosúa (3ª Parte)


Llegué a casa tras las clases del instituto, mi padre me dijo que un tal Alfredo García había llamado y que quería reunirse conmigo inmediatamente. Apenas faltaba media hora para irnos de viaje. En aquel salón empezaron las preguntas: ¿quién es ese señor? ¿por qué quiere verte con tanta urgencia? ¿qué has hecho? ¿en qué lío te has metido?, y toda esa retahíla de interpelaciones que suelen hacer los padres en este tipo de situaciones.

Fui caminando solo hasta la Avenida Doctor Fleming, que era donde tenía la sede Baloncesto León por aquella época. No recuerdo qué clase de pensamientos me venían a la mente, pero tengo perfectamente grabado el acojono que sentía en aquel momento, era tal que resultaba angustioso.

La cosa fue breve y aseada: "Desde este mismo momento no formas parte del club, hemos tomado la decisión de expulsarte. A la mayor brevedad, entrega toda la ropa del equipo". Me veo en aquel despacho, aguantando el tipo como buenamente pude, sin capacidad para balbucear una sola palabra, indefenso y humillado. Tengo la certeza de que mi actuación no fue correcta, pero no comprendía qué podía ocultarse detrás de todo aquello para tomar una decisión tan drástica. Me sentenciaron sin darme la oportunidad de defenderme.

No recuerdo absolutamente nada de lo que pasó después, mi madre asegura que la llamé desde una cabina telefónica para comunicárselo. Seguramente fuera así. Únicamente sé que tenía que haber viajado aquella misma tarde a Salamanca con mis compañeros para jugar. Pero ya no tenía equipo ni sueños que cumplir. Estaba señalado, estigmatizado de por vida.

Sí recuerdo cómo me levanté a la mañana siguiente: herido, rabioso ante algo que consideraba injusto. Aquello no iba a terminar así, tenía el pleno convencimiento de ello.

Cuando no sabes por dónde empezar sueles hacerlo por el lugar incorrecto, eso mismo me ocurrió. La tarde del miércoles 12 me presenté en la redacción de La Crónica 16 de León, quería hablar con el sujeto que había redactado la noticia. Tuve la ocasión de comprobar la clase de "periodista" que era. Le dije que no había contrastado los hechos y que ni tan siquiera había sido capaz de escribir mi apellido correctamente. Me respondió que su madre le decía que quien pegaba, o levantaba la voz, perdía la razón. Dando por supuesto que aquello que le habían contado era cierto y que yo no tenía derecho a reclamar nada. Aquel era el nivel.

Aún tardé un poco en encontrar el camino correcto, siempre hay buena gente dispuesta a ayudar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario