lunes, 23 de mayo de 2016

Springsteen, más que el jefe


Todos tenemos deudas pendientes, de distinta índole, que vamos resolviendo como buenamente podemos. El pasado sábado liquidé una de las muchas que me quedan. Por fin, tras varios intentos fallidos, fui a ver a Bruce Springsteen. He leído críticas para todos los gustos, especialistas que saben de lo que hablan. Aquí va sólo la opinión de un tipo al que le gusta Springsteen desde que tiene uso de razón y guarda como oro en paño varios vinilos suyos; entre ellos aquel LIVE/1975-85 que compré con apenas 14 años.

Desconozco si, como algunos aseguraron, era la cacofonía lo que provocaba que aquello no sonara como debía. Tampoco sé qué tecla tocaron para que la cosa fuera mejorando con el paso de las canciones. Me gusta el Boss, pero  no voy de purista demandando que toque The River de principio a fin. Y no me siento ofendido porque no lo haga, ni me considero engañado porque en Estados Unidos tuviera un repertorio diferente al de España. Y tampoco le critico porque hiciera del concierto un show, ni porque dejará que un chaval subiera al escenario para bailar con Patti Scialfa, su mujer. Ni porque permitiera a una chica del público tocar la guitarra con él y robarle el protagonismo.

Hubo momentos tremendos. El inicio con Badlands y todo el estadio saltando al unísono. Entregados como auténticos posesos. O como cuando sonó The River y el Bernabéu se convirtió en lo más parecido que se pueda imaginar el firmamento en la tierra. Aquellas linternas parecían pequeñas estrellas que, con la mítica canción de fondo, sobrecogían. O como cuando tocó Born in the U.S.A., de repente allí todo quisque parecía de Michigan, Alabama o Wisconsin. Por no hablar del cierre, Thunder Road en acústico, únicamente acompañado de su guitarra y su armónica. Las lágrimas se asomaron a la mejilla de más de uno. Fue un no parar: one, two, three, four y a por la siguiente, sin dejarnos respirar, sin apenas resuello. Y así durante tres horas y media.

No me incomodó que un chaval delante de mi utilizara constantemente el móvil para tratar de identificar con el Shazam qué canción estaba sonando y después buscara en Google la letra. Eso sí, no llegaba nunca a tiempo, más le hubiera valido preguntar. Tampoco me enfadó que no tocara Brilliant disguise, mi favorita. Por no parecerme mal, ni tan siquiera me molestó que con 66 años esté en mejor forma que yo. Para eso es el jefe.

Las canciones de Springsteen te hacen mejor persona. La frase no es mía, la leí en algún sitio, pero me la quedo.

sábado, 14 de mayo de 2016

OBRIGADO!!

Ya rodé lo mío, he entrenado en muchos lugares (guardo un especial y cariñoso recuerdo de Melilla y Menorca), he compartido momentos con aficiones que transpiraban baloncesto; pero nunca he vivido la pasión que se siente en Ovar. ¡Jamás!

Ser vareiro no es una cosa cualquiera, ni una cuestión menor. Es un sentimiento, casi un modo de entender la vida. Un orgullo, un privilegio.

Portamos tirachinas para competir contra equipos como Benfica y Porto que cuentan con enormes recursos. Esos que nosotros no somos capaces de tan siquiera imaginar. Pero la vida, afortunadamente, es mucho más que disponer de dinero. Existen patrimonios imposibles de valorar. He estado dos años entrenando en Portugal, con ello quiero decir que tengo conocimiento de causa para afirmar categóricamente que no hay, ni de lejos, una afición en todo el país que sienta el baloncesto como lo hace la gente de Ovar. Emociona, pone la piel de gallina.

Ayer pusimos el cierre a una buena temporada, hemos terminado terceros en la primera y en la segunda fase (detrás de los portaviones), hemos estado presentes en todas las Copas -3-, siendo subcampeones en la de Portugal. Y hemos llegado hasta las semifinales en la liga. No siempre hemos jugado como nos hubiese gustado y no todos los días nos entregamos como deberíamos; pero llegados los momentos importantes hemos luchado como auténticos jabatos. Ayer fue un claro ejemplo de ello, mis jugadores dieron más de lo que les quedaba dentro. Cumplieron al pie de la letra lo que les pedí antes de empezar: “cuando bajemos al vestuario después del partido, que podamos mirarnos a los ojos sinceramente sabiendo que ahí arriba nos hemos dejado el alma”. Tal cual.

Estamos tristes porque nos hubiera gustado llegar más lejos, trabajamos y soñamos con ello. Pero nos sentimos orgullosos por lo logrado y, especialmente, orgullosos de tener el privilegio de pertenecer a un club que cuenta con una afición que no se rinde nunca.


Me faltan palabras de agradecimiento. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Rendirse nunca es una opción


Aunque los resultados que hemos ido obteniendo puedan indicar lo contrario, no ha sido una temporada fácil. Hemos pasado por momentos extraños, situaciones de difícil explicación y compleja solución. Coyunturas que quedan en las tripas de un vestuario y se suman al bagaje que acumula la mochila del constante aprendizaje. Momentos que nos ayudaron a crecer como individuos y como colectivo, lo importante nunca es lo que te sucede, sino cómo lo afrontas.
 
Hemos estado varias veces contra las cuerdas, un par de ellas casi noqueados, con las piernas temblando como alambres; pero, aún así, siempre hemos respondido. No lo sabemos, pero nos va la marcha, somos unos rumberos.
 
Hoy, cansados, con el cuerpo dolorido y la mirada nublada, estamos a un partido de que la liga se termine para nosotros. Si lo planteamos de este modo, el sábado estaremos de vacaciones, y odio los periodos estivales a destiempo. Mi enfermizo deseo de ganar  me lleva a pensar que estamos a tres partidos de la final, que son los mismos que teníamos que conseguir al principio de la serie. No será fácil, nunca lo es. Resulta más sencillo decirlo que hacerlo, sino lo haría cualquiera.
 
Como siempre, las cosas se deben empezar por el principio, eso será el viernes. Jugamos en casa, apoyados por los nuestros. Desde que llegué aquí aprendí lo que significa Ovarense, conocí la historia, el orgullo que hay detrás de este club y el sentimiento vareiro. El cemento del patio del colegio siempre me enseñó que rendirse nunca es una opción. Aquí tampoco encuentras esa palabra en el diccionario.
 
 
Me contaron historias de cuando el pabellón viejo se ponía a reventar, me hablaron de cuando dos horas antes no cabía un alfiler en el campo y me dijeron que aquello era una olla a presión. Sé que pido más de lo que ofrecemos, pero necesitamos vuestro penúltimo esfuerzo. Sin vosotros somos peores y aún será más complicado. Vamos a llenar el Arena, vamos a ponerlo a reventar y que durante dos horas nos falte el aliento. Contamos con todos y cada uno de vosotros. Suframos y disfrutemos juntos, merecerá la pena.
 
Obrigado a todos aqueles que vieram sexta-feira e domingo em O Dragao Caixa