miércoles, 16 de marzo de 2016

¿Y si te pasara a ti?

Imagínate en el sofá, confortablemente sentado después de una larga jornada de trabajo. Te has podido dar una ducha caliente, has cenado, acostado a tus hijos después de leerles un cuento y te dispones a disfrutar de ese tiempo que te dedicas cada noche sin otra pretensión que no sea la de dejarte llevar. Es suficiente con abandonarse por un rato, sin más preocupaciones que las cotidianas. Te sientes cansado pero satisfecho, siempre existen aspectos que pueden mejorar pero te consideras razonablemente feliz.
 
En ese mismo instante, viviendo una escena tan ordinaria como placentera, todo cambia. Un estruendo te sacude violentamente, las paredes comienzan a moverse al mismo tiempo que se resquebrajan, la luz se apaga y únicamente los gritos de pánico son audibles entre el estallido de cada bomba. A cada segundo: caos, muerte y destrucción.
 
Imagino que es mucho imaginar, incluso para un sirio hace cinco años. La guerra durante este tiempo se traduce en cifras como estas: cada hora 50 familias sirias abandonan sus hogares, 6,6 millones en total. Más de 12 millones carecen de acceso a agua apta para el consumo y casi nueve millones no tienen alimentos suficientes para comer. Más de tres millones de niñas y niños no pueden asistir a la escuela, entre ellos los 2,1 millones que viven en Siria. Uno de cada tres niños no conoce otro ruido que el de los fusiles. Más de 200.000 muertos, de ellos 80.000 han sido civiles. El 90% de las peticiones para enviar convoyes de ayuda a las ciudades sitiadas o de difícil acceso son denegadas. El 80% de la población se encuentra hundida en la pobreza. Ese mismo porcentaje es el que corresponde a mujeres y a niños dentro de los refugiados. Deduzco que el 20% restante no estará plagado de terroristas, pero esto es cosa mía. Podría continuar dando datos, todos ellos imposibles de imaginar para nosotros, igual que los aquí citados.
 
Me pregunto qué ha estado haciendo la comunidad internacional durante este tiempo. Una vez más, se toma conciencia de la gravedad porque vemos amenazada nuestra zona de confort. Pero si esta guerra no hubiese transcendido de las fronteras sirias ya se podían haber matado entre ellos aunque no quedase ni uno. Un problema menos. Parece que allí no había suficiente petróleo como para tomar partido.
 
Y como cuando el ganado te pisotea el césped de la finca y te jode los árboles, decidimos levantar vallas y alambradas. Hace más de 27 años el mundo se felicitaba por la caída del muro de Berlín o muro de la vergüenza. Hoy nos importa una mierda que estas personas se mueran si lo hacen donde no podamos verlas, puesto que nuestra conciencia llega hasta donde nos alcanza la vista.
 
Ahora bien: ¿y si esto te pasara ti?
 
Nota: Cada uno de nosotros puede hacer su pequeña contribución a través de las muchas ONGs que actúan sobre el terreno.

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