lunes, 21 de marzo de 2016

Orgullo vareiro

Siempre escribo por necesidad, hoy no va a ser una excepción, muy al contrario. Cuesta ordenar todas las sensaciones apiladas durante este largo fin de semana; espero ser capaz.

Afrontamos la fase final de la Taça de Portugal conscientes de la dificultad pero cargados de energía y entusiasmo. Afortunadamente, muy lejos de la actitud que llevamos a la Final Four de la Taça de la Liga. Barcelos, una vez más, nos puso las cosas muy complicadas y necesitamos sacar lo mejor de nosotros para vencer a un equipo que se ha convertido en la grata sorpresa de la temporada.

Al día siguiente jugamos las semifinales contra F.C. Porto, seguramente el favorito para ganar el trofeo. Llegaba en un gran estado de forma, nos había ganado sin paliativos dos semanas atrás y había derrotado a Benfica en los tres últimos enfrentamientos. Fue un partido enorme, ellos tuvieron la iniciativa hasta el descanso, con rentas que alcanzaron los 10 puntos; pero nuestra fe nos llevó a conseguir la victoria y alcanzar la final. Allí nos esperaba Benfica, contra el que habíamos perdido en la prórroga unas semanas antes. Hubo partido hasta el descanso, a pesar de mostrarse superiores. A partir de ahí, fue el partido más largo de mi vida. Nos pasaron por encima como una apisonadora, pero a pesar de la insultante diferencia nunca tuve la sensación de sentirme humillado. Ese sentimiento únicamente se produjo gracias al orgullo que mostraron mis jugadores y nuestros aficionados.

Aunque hemos acabado terceros tras Benfica y Porto la primera fase de la liga y hemos disputado todas las fases finales posibles (Antonio Pratas, Taça de la Liga y Taça de Portugal), no siempre hemos mostrado el orgullo, el compromiso, la determinación y el carácter que nos ha llevado a conseguir  este subcampeonato. Cuando el verano pasado renové con Ovarense lo hice con el convencimiento de que podíamos luchar por conseguir títulos, con el deseo de que aquel final de liga en Lisboa no fuera únicamente un recuerdo. Quería volver a sentir el compromiso de esos locos vestidos con pantalón corto. Y deseaba volver a escuchar detrás de nuestro banco los cánticos de unos adeptos ávidos de triunfos, pero especialmente ansiosos de orgullo vareiro. Ese que vi ayer en los ojos llorosos de Paulo tras la derrota, el mismo que explica sentimientos que no consiguen alcanzar las palabras.

Queda la recta final de la segunda fase y unos play-off que resultarán extraordinariamente duros, pero cuando lleguen los momentos complicados, cuando la debilidad nos asalte y las dudas quieran llegar para quedarse, ese vestuario de locos tendrá que mirar una y otra vez la foto que encabeza este post. Esa foto llena de orgullo y carácter que muestra que no hay objetivos imposibles.


Por cierto, para los que no le conocéis, Paulo es el que está a la izquierda de la foto vestido completamente de negro. No juega, pero su energía contagia. 

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