viernes, 26 de febrero de 2016

La sonrisa de los niños

Mentiría si dijera que no tuve que ampliar la imagen para confirmar que la niña estaba sonriendo. El paisaje que rodea la escena no es más que ruinas y destrucción. Imagino que la muerte llegó al mismo tiempo que los escombros. Y seguramente a la esperanza no se la espere durante un largo tiempo, quizás solo la risa de los niños logre en los adultos que tanta barbarie quede olvidada por unos segundos.
 
Hablo sin tener ni puta idea de la vida, al menos de esa que les ha tocado malvivir a tantos. Escribo sentado en el despacho que tengo en el pabellón, tranquilo, con la única preocupación de terminar de perfilar los aspectos tácticos que llevamos trabajando toda la semana para el partido de mañana. Terminará el entrenamiento de esta tarde después de que veamos el vídeo sobre el rival y me iré a mi casa a descansar. Puede que me lleve alguna preocupación en la mochila, pero afortunadamente no será tan grave como para quitarme el sueño. Me sentiré bien por la suerte que tengo pero no podré dejar de compadecerme por pertenecer a una raza tan sumamente despreciable.
 
Entiendo los componentes ideológicos, políticos, geoestratégicos y económicos que desatan las guerras; pero no concibo que haya seres humanos tan despreciables como para llevarlas a cabo sin escrúpulo alguno. No me explico qué nos lleva a convertirnos en seres tan codiciosos, egoístas, sanguinarios y radicales.
 
Pierdo la fe en el ser humano con frecuencia, y me entristece. Aunque suelo agarrarme a la inocente risa de un niño para seguir creyendo en nosotros.
 
Foto de Emad Samir.

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