martes, 5 de enero de 2016

Preguntas por resolver


Esta semana tenía material de sobra acerca de lo que escribir, la actualidad política y social española es una fuente de recursos inagotable. Pero tengo una obligación moral que no puedo ni quiero eludir.
Hubo quien se apresuró a recoger firmas para que lo echaran del colegio, otros ni tan siquiera se tomaron la molestia de considerar la presunción de inocencia y decidieron juzgarle antes de tiempo. Aunque, siendo honesto, fuimos mayoría los que no dudamos ni un segundo. El mérito no residió en nosotros, sino en él. Han sido muchos los años transitados por un camino lleno de obstáculos el cual ha terminado por convertir en una senda noble, respetable y respetada.
El viernes pasado no fue tendencia en Twitter, vende mucho más la basura y la mierda que la gente de mirada clara y honesta. El ser humano habita gustosamente en cavernas infectas. Apenas duró horas el eco de la buena noticia, en abril retumbó durante semanas. Por fin terminó para Villacorta y sus pupilos una pesadilla de casi ocho meses. Noches sin dormir, el ultraje de tener que demostrar que se es inocente cuando la honradez preside tus actos, la vergüenza del juicio público y de la imagen ensuciada. Ahora, ¿quién les devuelve todo ese tiempo? ¿Quién convierte en invisibles unas heridas que permanecerán durante largo periodo en la mente y en el alma?
Aún no sabemos quién presentó aquella denuncia y qué motivo la misma. Las preguntas se amontonan de modo desordenado y convierten las respuestas en elementos peligrosos. ¿Por qué varias personas han sido sometidas a juicio público y se mantiene en el anonimato al autor de la denuncia? ¿Cuál es nuestro grado de protección ante sucesos parecidos? ¿Qué pasará ahora con el denunciante, se dará a conocer su nombre? ¿Por qué se filtró la detención de Villacorta? Una tras otra, apiladas y de modo atropellado, sin apenas respiro. Hay más, como la que sigue a la siguiente sentencia: el tiempo pone a cada uno en su sitio. Es cierto, ¿y mientras tanto?
Villacorta es de los que determina su ética de trabajo en base a lo que espera de sí mismo, no bajo la expectativa de lo que desean los demás. Así seguirá siendo. Y después de esto, más si cabe. No tengo duda alguna.
Publicado en La Nueva Crónica de León el 17 de diciembre de 2015

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