lunes, 25 de enero de 2016

60 horas después, dos partidos en la buchaca y 4.000 kilómetros a las espaldas (1ª parte)

60 horas después, dos partidos en la buchaca y 4.000 kilómetros a las espaldas. Bien podía ser el título de una canción de Sabina. Lo nuestro fueron poco más de dos días, pero estuvieron cerca de parecer dos meses.
 
Vamos acumulando odiseas al ritmo de una cada cuatro partidos, la temporada está siendo de best seller, lo tengo entre las manos y aún no soy consciente. Las Azores nos advirtieron el año pasado de que nuestro desplazamiento allí esta época tampoco iba a resultar sencillo, y así fue. El anticiclón es un mito que únicamente se disfruta en el continente, allí disponen de las cuatro estaciones del año en una misma mañana.
 
Todo fue tranquilo hasta llegar a Lisboa, el vuelo salió con puntualidad y transcurrió según estaba previsto, pero todo cambió en el momento del aterrizaje. El mal tiempo en la isla de Terceira impidió que tomáramos tierra y tuviéramos que desviarnos hasta otra dentro del archipiélago, la de Santa María. Permanecimos dentro del avión por espacio de dos horas; el plan era intentar aterrizar en nuestro destino. Si no tendríamos que ir hasta Ponta Delgada, cargar los depósitos del avión y regresar hasta Lisboa. Las horas pasaban, la planificación se veía modificada drásticamente y el tiempo de descanso se reducía irremediablemente. La suerte y la pericia del piloto lograron lo que parecía imposible. Terminamos cenando pasada la media noche, teniendo en cuenta el hecho de que en las Azores tienen una hora menos que en Portugal. Aquello, que parecía el fin de una pequeña peripecia, solo fue el principio.
 
Los árbitros volaban en el primer avión que salía el sábado, día del partido. Allí llevábamos a un infiltrado, Nuno Manarte (mi ayudante), al que sus obligaciones con el segundo equipo del club le habían impedido desplazarse con nosotros el día anterior. Nos informó de que el avión no iba a poder aterrizar dentro del horario previsto, y aquí comenzó de verdad la auténtica locura. El partido estaba previsto para las 14.30h. Los planes que se presentaban ahora eran jugar a las 16h (con árbitros locales que no arbitran en la primera ni en la segunda liga) o posponer el partido hasta las 21.30 con la esperanza de que los árbitros pudieran aterrizar. Entre tanto, debíamos ver si se podían cambiar nuestros billetes, inicialmente teníamos previsto coger un avión el sábado a las 20.30 horas. Ya que el domingo a las 18.30h jugábamos en Estoril los dieciseisavos de final de la Taça de Portugal.
 
Los teléfonos echaban humo, guardaré la confidencialidad de las conversaciones y omitiré los exabruptos que proferí. Finalmente, la Federación hizo la gestión y consiguió cambiar nuestros billetes para el primer vuelo del domingo. Así que, accedimos a jugar a las 21.30 con los árbitros de la liga.
Continuará…

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