martes, 3 de noviembre de 2015

Barra libre

Partiendo del hecho utópico de que pudiéramos saltarnos a la torera todas aquellas leyes que considerásemos injustas, queda abierta la barra libre, se levanta la veda.
 
Aquel al que no le guste el tipo impositivo con el que gravan sus ingresos, que pague menos. O que no pague, que es mejor para él. Al que le apetezca fumar en los bares y restaurantes, pues que fume. Ya puestos, por qué no en los hospitales. Como cuando los médicos pasaban consulta cigarro en mano, qué tiempos aquellos. Que te va darle zapatilla al coche, venga, pie a fondo hasta que te salga por debajo como en el “tronco-móvil” de Los Picapiedra. Y si te dan el alto, tira, que ya se cansarán de perseguirte. Son solo unos ejemplos, ando sobrado de imaginación y rebeldía para seguir saltándome leyes. Pero me falta espacio para continuar con ello.
 
Imaginemos por un momento que a todos nosotros nos la trajera al pairo la constitución y la legislación vigente. Iba a estar divertida la cosa, sería un absoluto desgobierno, aunque al menos estaría entretenida esperando a ver quién la prepara más gorda.
 
Básicamente, esto es lo que ha hecho Artur Mas. Alguno podrá pensar que la comparación es simplista y demagógica, nada más lejos de la realidad. Lo suyo es aún peor, puesto que ocupa un cargo de responsabilidad pública y lo ejerce de cualquier modo menos responsable. Al margen de los espurios motivos que le han llevado a ser independentista de la noche a la mañana, Mas ha decidido tirar por la calle del medio, asumiendo, por otro lado, un papel de víctima que otros han tenido la torpeza de adjudicarle.
 
El punto seguido lo marca el 3% y la caza mayor. Partiendo de la presunción de inocencia, resulta repugnante escuchar cómo se pone en solfa la actuación de la policía y la justicia. Manifestando que la corrupción en su partido no existe y que todas las actuaciones y adjudicaciones que han llevado a cabo son escrupulosamente legales y que su soflama independentista es el único motivo de esta incriminación. Tan peligroso resulta el hecho de que eso fuera cierto como el argumento en sí mismo.
 
Nadie que tenga dos dedos de frente puede negar la realidad catalana, como nadie en su sano juicio puede admitir que la posición inmovilista del actual gobierno es el único camino. Pero lo que no resulta menos evidente es que, si todos hiciéramos lo que se nos antojara en contra de lo que consideramos injusto, esto sería un sindiós.
 
El otro día mi sobrina se quitó el gorro en la piscina y se mojó el pelo en repetidas ocasiones. Llamé su atención para advertirle que eso no se podía hacer. Ella respondió: “¡Qué más da! No hay nadie”. “Da igual, las normas están para cumplirlas siempre, aunque nadie te vea”, repliqué. Yo no respeto el 100% de nuestras leyes, ni mucho menos, pero no me pongo farruco cuando me las salto y me trincan.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 29 de octubre de 2015

Los que importan

Iba a volver a perder el tiempo del mismo modo que lo hice la semana pasada con Willy Toledo. Esta vez estaba dispuesto a “atizarle” a uno del otro extremo, el cardenal obispo de Valencia. No he renunciado porque más tarde decidiera retractarse, sino porque he considerado mostrar la caridad cristiana que él niega al prójimo.
 
Estas absurdas polémicas abren los informativos y llenan las principales páginas de los periódicos. Sandeces de tipos con acceso a los medios pero con nula influencia en nuestras vidas. Nos indignamos con ello, aunque unos se enfadan más que otros, la medida del cabreo la proporciona la afinidad ideología que se tenga con el sujeto en cuestión. Ocupamos tertulias de bar escupiendo sapos y culebras. Nos gusta la polémica y el barullo. Entre tanto, pasamos de puntillas por lo importante. Por aquello que realmente puede cambiar nuestras vidas, eso me va a ocupar hoy.
 
El martes se presentó un medicamento contra el cáncer patentado por la Universidad de Granada. Los ensayos clínicos demuestran que el fármaco reduce los tumores de colon, mama y melanoma en un 50 por ciento con tan solo 40 días de tratamiento. A partir de ahora se abren nuevas líneas para comprobar su eficacia en tumores más agresivos como son los de pulmón y páncreas. Además, ataca las células madre tumorales, a las cuales la quimioterapia ni tan siquiera se acerca. A ello se suma el hecho de que es barato y fácil de producir. Esta investigación estuvo a punto de fracasar por falta de financiación, estas son las cuestiones que de verdad deberían ocupar nuestra indignación.
 
El bioquímico oscense Carlos López-Otín, catedrático en la Universidad de Oviedo, ha descubierto el modo de alargar la vida del ser humano. Hasta el punto de poder llegar a duplicarla, se asegura que habrá personas que alcancen los 135 años. Lo ha conseguido a través del estudio de la progeria, enfermedad de la infancia extremadamente extraña que presenta envejecimiento brusco y prematuro en niños entre su primer y segundo año de vida. Nature Cell Biology, una de las biblias de la ciencia, ha tratado el estudio de revolucionario. Encontraron el secreto en los tumores cancerígenos y las pruebas en ratones no han podido resultar más satisfactorias. Ahora toca el paso definitivo, aplicarlo a pacientes víctimas de esa enfermedad. Ninguno de nosotros llegará a verlo, el hombre alcanzará límites inimaginables hoy en día.
 
Muchos habrán dejado de leer cuando han visto que no pensaba “sacudir” a Antonio Cañizares, ahí podemos encontrar la explicación de la audiencias de Tele 5. Más tiempo, apoyo y energía a las personas que están dispuestas a cambiar nuestras vidas de forma positiva. Y nada para el resto.

Publicado en La Nueva Crónica el 22 de octubre de 2015