martes, 20 de octubre de 2015

Las mujeres de mi vida

Josefina, según constaba en su partida de nacimiento. La señora Jose, como era conocida en todo el barrio, era una mujer de armas tomar, de esas a las que nunca se les pone nada por delante. Administró una casa con siete hijos, superó el fallecimiento de otros cinco apenas nada más nacer y jamás descuidó a sus 22 nietos ni a su marido. Hospitalaria, como buena vasca, siempre abrió la puerta a quien allí quiso entrar. Nunca faltó un plato de comida caliente ni una propina. Aglutinadora, desprendida y sin complejos. Hizo su vida y nunca gastó energía ni salud en criticar a los demás.
 
Joaquina, la abuelita Oliva, era todo lo contrario en apariencia. Discreta, reservada, de gesto curtido y poco amiga de manifestar sus emociones. Dura como una roca, crió a tres hijos mientras mi abuelo estuvo en la cárcel por pensar diferente y, con dos de ellos, recorrió caminando la distancia que separa Gijón de Cangas de Onís. Se fue enterneciendo con el paso del tiempo, la edad la hizo más cercana y se agarró a la vida durante 97 años gracias a la inquietud y las ganas que siempre tuvo. Solo el cansancio pudo con ella.
 
Begoña es una gladiadora, nunca le ha virado el rostro a las adversidades, siempre las ha mirado de frente. Trabajó mientras nos crió, estudió una carrera mientras nos siguió criando y aprobó unas oposiciones cuando nos estaba terminando de criar. Luchó y aniquiló al cáncer, superó intervenciones quirúrgicas y las pocas veces que se quejó fue porque aquello resultó insoportable. Es sensible y firme, de carácter rebelde e idealista, honesta e inteligente. Siempre me ha empujado a perseguir mis sueños, incluso, los idealizó más que yo.
 
Begoña es inquieta, ávida lectora, más sensible de lo que muestra, perspicaz, tozuda como su madre y sus dos abuelas, sincera y buena. Aplicada, trabajadora y constante. Un poco impaciente, pero eso se cura con los años. La madre de dos de mis sobrinas y alguien en quien poder confiar.
 
Pilar es la otra mitad de los sueños que persigo, quien me hace ser yo mismo. Generosa, dulce, incansable en el esfuerzo, leal, temperamental y férrea aunque su imagen pueda indicar lo contrario. Soñadora infatigable, disciplinada, inocente y sencilla. Imprescindible y cumplidora, de las que nunca falla.
 
Mis abuelas, mi madre, mi hermana y mi mujer. Ya habrá tiempo para mis sobrinas. Las mujeres de mi vida, las que me han ayudado a crecer, a ser, a querer y a creer. Sin ellas hoy mi mundo sería un  lugar diferente, seguramente un paraje sórdido y lúgubre. ¿Quién no tiene a estas mujeres con otros nombres, con similares historias y parecidas vivencias? Sin su presencia el mundo no existiría. Y de poder hacerlo sería un lugar peor, mucho peor.