domingo, 4 de octubre de 2015

La vida que nos toca vivir


Ayer leía la estremecedora carta de Pau Donés, acongojante. Ese tipo de reflexiones que, a partir de una terrible enfermedad como el cáncer, te sitúan de frente a la realidad y te abofetean sin apenas misericordia.
Hace tiempo que concluí dos afirmaciones: por más sucesos negativos que ocurran a nuestro alrededor, no aprendemos. He escrito antes sobre ello, sobre nuestra complejidad, nuestra permanente insatisfacción ante gran parte de lo que nos rodea, sobre no poseer tal o cual cosa y la consecuente frustración. Sobre no disfrutar del presente esperando un futuro que casi nunca llega del modo que lo vestimos. A propósito de engullir el aire, en lugar de respirarlo a mordiscos. Acerca de lo egoístas que somos con nosotros mismos sin apenas darnos cuenta, y el daño que eso nos provoca.
La otra conclusión se ubica en la fragilidad de nuestra felicidad. En la cantidad de factores que influyen en su contra. En cómo nuestra dicha no depende únicamente de lo que a nosotros nos sucede, y sí en el modo en el que nuestros seres queridos se ven afectados por diferentes circunstancias. La manera en que nuestra vida se siente condicionada y la influencia que ello tiene en nuestro estado de ánimo.
Por más que lo intentemos, no hay absolutamente nada bajo control, todo cambia en un segundo, sin apenas darnos cuenta dejamos de ser quienes creíamos para convertirnos en otros. Hasta ese lugar te lleva la crudeza de la vida, la posibilidad de volver a ser el de antes reside en nuestra capacidad para superar las adversidades, evitando las cicatrices incurables. Las otras nunca sobran.
Pisemos la nieve mientras estemos a tiempo, disfrutemos de los días de lluvia y viento, de las calurosas, y a veces insoportables tardes de verano. De la risa y el llanto, que también sana. De ver crecer a nuestros pequeños, de envejecer porque ello nos muestra que fuimos jóvenes. De la familia, de los amigos que están y de los que viven presentes en nuestro recuerdo.
Dejemos de ver inconvenientes donde no existen y sobrepongámonos a los que la realidad nos presente. Simplemente, disfrutemos de la vida que nos toca vivir.
NOTA: Si tenéis oportunidad, leed la carta de Pau Donés, os hará reflexionar. Aquí el enlace:
 http://www.jarabedepalo.com/la_maleta/hoy-no-tengo-un-buen-d%C3%AD