viernes, 13 de febrero de 2015

El partido de mañana


El de mañana no es un partido cualquiera. La lógica dice que debería presentarme en Ovar como visitante, y no sentándome en el banquillo local, como así ocurrirá. Pero a uno la vida, que ya le ha dado unos cuantos revolcones (y que sean muchos los que queden), ya le ha ido enseñando que casi todo es transitorio y susceptible de cambiar.

Será un partido especial, diferente, lleno de sentimientos encontrados. Plagado de afecto en la bienvenida, abrazos y alguna que otra broma acerca de lo que pasará minutos después sobre la cancha.

Únicamente me he enfrentado a un ex equipo, fueron varias las ocasiones, y siempre con ganas de revancha inmisericorde. Dientes apretados hasta hacer doler la mandíbula, pocos abrazos y menos bromas.

Mañana no. Mañana veré a directivos que siempre intentaron que me sintiera como en casa y me hablaron con franqueza. Habrá un amigo-colega en el banco de enfrente con el que compartí momentos, risas, confidencias y un poco de running, todo el que permitía mí deteriorado estado de forma.

Y, por supuesto, estarán ellos. Diez tipos vestidos con pantalón corto y camiseta de tirantes a los que arrastré a la aventura de San Paio de Gramaços. A los que tengo aprecio y con los que me siento en deuda por dejarles a mitad del camino
.
Será extraño, muy extraño. Hasta hace mes y medio les estaba dando indicaciones sobre cómo debían hacer según qué cosa y mañana estaré dando instrucciones a otros para que se lo impidan.


El Barbas nunca me permitiría ni un segundo de flaqueza, así me educó en esto. Mañana desearé ganar con toda mi alma, como cualquier otro día, y para ello hemos trabajado. Pero si perdemos estaré un poco menos jodido que de costumbre. Solo un poco menos, tanto como el afecto me permita.