miércoles, 28 de enero de 2015

La doble vara de la democracia

Se dice que la democracia es un sistema político en el que el pueblo elige libremente a quienes lo gobiernan. Se ha mostrado como un régimen imperfecto, pero parece el menos deficiente de cuantos existen. A fin de cuentas, cualquiera que sea la estructura diseñada por el hombre será imperfecta, quizás no tanto en el planteamiento como en su puesta en marcha y ejecución.

La democracia nos gusta a todos, o a casi todos. La teoría dice que podemos expresarnos sin temor a represalias, que tenemos libertad de culto, incluso para no creer en nada. Que existe libertad de prensa y de asociación. O que los derechos humanos están protegidos. En los países occidentales se cumplen estas condiciones en mayor o en menor medida.

La democracia nos gusta, y mucho, hasta que hay elecciones y no ganan los “nuestros”. Entonces es cuando ponemos el grito en el cielo intentado buscar una explicación a cómo es posible que los demás sean tan zoquetes. Consideramos inadmisible que alguien piense diferente a nosotros. Y ponemos en tela de juicio todos y cada uno de los motivos que han llevado a los demás a tomar un camino diferente.

Cuestionamos su capacidad de discernir, su capacidad intelectual y hasta su integridad, como si fueran a sacar ventaja de un resultado favorable. Incluso, algunos dan pábulo a aquella teoría cruel que sustenta con frecuencia mi amigo el del burladero; y que dice que algunos ciudadanos, a pesar de ser mayores de edad, no deberían de poder votar. Por incapaces.

Lo hemos visto recientemente en Grecia y los veremos en España. Y dará igual quién gane. Muchos tienen preparado el pasaporte por si ganara Podemos, parecido número querrá emigrar si repite el PP o si gana el PSOE. Ya podemos ir eligiendo destino, porque el 2015 va a ser un no parar.