martes, 17 de noviembre de 2015

El baloncesto, esa gran mentira

El titular es capcioso, tiene toda la intención de atraer la atención y generar debate. Aún así, y aunque de un modo menos literario, hay muchas veces en las que he pronunciado una frase parecida: “El baloncesto es una mentira”. Normalmente después de perder, y cuando crees que los otros son peores o trabajan menos que tú. Generalmente esconde presuntuosidad, muy propia en nuestra profesión. Aunque hace unas semanas la pronuncié con diferente intención.
 
Habíamos hecho una gran semana de entrenamientos, las sensaciones eran inmejorables y el grado de confianza en el trabajo realizado respondía a las expectativas. Volábamos el viernes por la noche con destino Madeira, el plan de viaje era bueno: llegábamos para cenar, dormir, desayunar, ver el vídeo, comer, jugar a las 14.30 y regresar a media tarde. Todo cambió cuando el vuelo quedó cancelado por el viento que hacía en la isla. Una vez más, la vida te enseña que, lo importante no es lo que te pasa, sino cómo afrontas eso que te sucede.
 
Dormimos menos de cuatro horas en un hotel cercano al aeropuerto de Porto, eran las 4.25 cuando sonó el despertador, el vuelo de las 7 de la mañana salió con 45 minutos de retraso, tuvimos que ver el vídeo de modo improvisado en el restaurante en el que íbamos a comer. Aquello parecía un tablao flamenco, sólo faltaba una guitarra y unas castañuelas. Después del almuerzo, llegamos al campo y confirmamos que uno de nuestros jugadores más importantes no podría jugar debido a la lesión que arrastraba desde el inicio de la semana. Todo iba sobre ruedas. Así que, decidimos evitar caer en el victimismo que justificara una derrota antes de empezar el partido. Jugamos, a ratos considerablemente bien, ganamos, y mientras merendábamos en el aeropuerto de Madeira dije: el baloncesto es una mentira.
 
Tratas toda la semana de cuidar el más mínimo detalle, te preocupas del ángulo de cada de bloqueo, del timing de cada sistema, de las trampas que preparas para el rival en algunos de sus movimientos o de ajustar alguno de los tuyos para atacar mejor su defensa. A tal tiempo, sopla un poco de viento y se te va todo a tomar por el culo. La LEB está jalonada de sucesos de ese tipo y aún peores, como aquel año en el que INCA (Mallorca) viajaba siempre el mismo día de partido, no vieron ni un duro en todo el año y se inflaron a ganar partidos. Un ejemplo más de que en la mente radica la fuerza.
 
En momentos como estos me acuerdo mucho de Nacho Romero, en Melilla, que había hábito de que nos sucedieran cosas de este tipo con frecuencia, siempre decía: “Tranquilo, Alonso, que ganamos fijo”. El jodío nunca fallaba.

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