viernes, 2 de octubre de 2015

El oro de la fe


Yo no creía, podría decir lo contrario, aprovechar la oportunidad y jugar con el ventajismo que veo ahora en algunos. Esos que hoy nos llaman agoreros y demás calificativos parecidos. Como si creer que España no iba a ser campeona de Europa supusiera por mi parte (así como por la de aquellos que pensaban como yo y lo siguen admitiendo) un acto de deslealtad o el deseo oculto de un descalabro. Siempre piensa el ladrón que todos son de su misma condición.

A la vista del resultado final, no sé tanto de esto como imagino; pero, inicialmente, analizando hechos objetivos, nada hacía pensar que España ganaría la medalla de oro. Por delante había dos o tres selecciones con mayores recursos. No vi al equipo nacional más allá de los cuartos de final que nos enfrentaron contra Grecia, rival que llegaba invicto a la cita. Si bien es cierto que este equipo suele crecer jornada a jornada en los grandes campeonatos, la primera fase dejaba poco lugar a la esperanza. Aún más teniendo en cuenta, a diferencia de otras ocasiones, las notables ausencias de Ricky Rubio, Calderón, Navarro o Marc Gasol. Algo también habrán tenido que ver Sergio Scariolo y su cuerpo técnico en este éxito.

Este ha sido el oro de la fe. De la fe de once jugadores que decidieron seguir sin condiciones al mejor jugador español de todos los tiempos. Un tipo que ha adquirido una dimensión hasta ahora desconocida en un evento de estas características. Nunca resulta fácil individualizar en un deporte de conjunto, suele menospreciar el trabajo del resto. Pero la transcendía que ha tenido Pau Gasol en este campeonato supera cualquier precedente en la historia reciente del baloncesto.

Se echó el equipo a las espaldas como si tuviera la capacidad física de hace 10 años, se cargó de la responsabilidad a la que nunca ha virado la cara y su ejemplo fue más allá de los puntos, rebotes y tapones. Pero no fue sólo eso, fueron sus gestos de rabia y furia. Sus golpeos en el pecho reivindicando, no su figura, sino el respeto que se ha ganado la selección española a lo largo de todos estos años y que parecía estar en entredicho. Jamás se puede subestimar el corazón y el talento de un equipo campeón. Y más si en él juega alguien como Pau Gasol.

Andrés Montes le llamaba “E.T.”, nunca un humano se pareció tanto a un extraterrestre.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 24 de septiembre de 2015

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