jueves, 15 de octubre de 2015

El oficio de entrenador (la clase media)


Los entrenadores elegimos nuestra profesión voluntariamente, es simple vocación. Tenemos ese privilegio, aunque no todos tenemos la fortuna de trabajar. Nadie nos obliga a estar tan locos, a coger la maleta y llenarla con lo más imprescindible, dejándolo todo atrás. Perseguimos sueños dibujados en pizarras, idealizamos equipos, ganamos campeonatos en nuestras mentes (algunos tienen el honor de conseguirlos), intentamos transmitir nuestra pasión tanto como nuestros conocimientos. A veces gritamos hasta no reconocernos, gesticulamos como si casi todos fuésemos italianos, sonreímos cuando creemos que nadie nos observa y, al final del día, volvemos a soñar como lo hicimos al levantarnos.
A menudo nos creemos especiales y pensamos que somos más transcendentales de lo que muestra la realidad. Habrá excepciones, como en todas las profesiones, pero este sería el boceto de la mayoría. No pretendo quedarme aquí, ya escribí un día sobre ello, me gustaría llegar más lejos.
Los hay mediáticos y millonarios, los menos. Después estamos los demás, la clase media, los que no hemos tenido esa suerte o capacidad. Dado nuestro ego, seguramente pensemos que se trata de lo primero. De estos últimos quiero hablar, de los tipos como yo. De esos a los que llaman desde cualquier lugar del mundo donde hay dos canastas y deciden saltar al vacío sin apenas medir las consecuencias. De esos a los que se les exige lo mismo que a cualquier otro: ganar.
Aquellos que se tienen que ir solos porque las condiciones familiares no permiten otra cosa. Renunciando a convivir con su mujer, que deja de ser tal para convertirse en su novia. Con la que se acuerdan citas fugaces tras arrancar unas cuantas hojas del calendario. Todo tiene su encanto, aunque a veces duela.  O renunciar a ver crecer a los hijos y sobrinos, teniendo que imaginar juegos en los parques y dando consejos que nunca llegan a tiempo.
Guardando para uno mismo las confidencias que la distancia no te permite contar a tus padres. Abdicando de las cañas y las risas con tus amigos, dejando de participar en las anécdotas que se contarán en el futuro. Recordando las calles y los colores de tu ciudad a la que observas desde la distancia como un extraño, hasta que, al regresar, vuelves a sentirte en casa.
Al final del día, lo resarce la hospitalidad con la que te tratan en tu nuevo hogar, la consideración con la que se dirigen a ti y el cariño que sientes. Pero, sin la menor duda, no existe mayor recompensa que la victoria del fin de semana. Entre tanto, con la perspectiva que te da la distancia y el paso de los años, observas el rostro de satisfacción de tus jugadores. El cual no deja de ser el reflejo del tuyo.
Habrá muchas otras profesiones a las que les ocurra algo parecido, pero hoy quería hablar de la mía, que es la de muchos otros. Bonita como pocas.
Nota: Algunos de los mediáticos antes fueron clase media, aunque no todos.

2 comentarios:

  1. Vaaaamoooossss amigoooo!!!! También desde la distancia tienes apoyos incondicionales. Fuerza y valooorrrr!!!!

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  2. Si entrenaras tan bien como escribes serias mediatico sin duda. Pero somos jovenes y llegaras a mediatico. Animo y suerte.

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