viernes, 2 de octubre de 2015

Cuando todos perdemos

A tenor de cómo interpretan los políticos los resultados de las elecciones, los números son absolutamente subjetivos. Según los intereses de cada cual, se traducen en conclusiones difícilmente comprensibles para el resto de los humanos. Los análisis son extraordinarios, nadie pierde. De un modo u otro, todos ganan. “Hemos superado con creces los pronósticos que nos daban las encuestas”. “No hemos conseguido la victoria pero se ha demostrado que somos lo que los votantes necesitan para el cambio”. “No tenemos mayoría absoluta en votos pero nos vale en escaños. Aunque sea sumando los de otros grupos políticos independentistas”.
 
La campaña electoral en Cataluña ha sido un esperpento. Polarizada de un modo atroz por parte de los nacionalismos (el español y el catalán), sin soluciones de ningún tipo e instalados en el inmovilismo los unos. Y sin un proyecto que aporte algo más que la secesión los otros. El resto naufragando en la ambigüedad de la tercera vía sin plasmar propuestas concretas. Ninguna proposición que aclare un panorama complicado.
 
Únicamente los independentistas querían que estas elecciones se plantearan como un plebiscito, los demás grupos políticos rechazaban este planteamiento pero todos terminaron jugando a lo mismo. Una consulta plebiscitaria nunca se puede analizar en número de escaños y sí en número totales de votos. Porque, por ejemplo, cuesta el doble conseguir un concejal en Barcelona que hacerlo en Lleida. Por lo tanto, los secesionistas ganaron las elecciones pero no el referéndum encubierto que ellos quisieron llevar a cabo aprovechando las elecciones autonómicas.
 
Dicho lo cual, tal resultado no justifica el tancredismo que muestra permanentemente el Presidente del Gobierno. Ni tan siquiera a un miope se le escapa que existe una realidad en Cataluña que no debe ser afrontada de perfil o con la postura que ha presentado hasta el día de hoy el Partido Popular.
 
Es evidente que Artur Mas utilizó el argumento separatista para tapar su mala gestión, ahí están las cifras, recortes en Sanidad o Educación. Aumento de la pobreza, el paro y las desigualdades sociales. Pero no es menos obvio que existe una parte sustancial de la sociedad catalana que no quiere seguir viviendo dentro del modelo actual. Yo no llego a comprenderlo, sencillamente porque no alcanzo a entender el sentido de los nacionalismos, sean estos cuales fueren.  No obstante, soy consciente de que la solución nunca se encontrará en los polos.
 
Estamos abocados a una negociación ante la cual los políticos deberán tener la capacidad y la altura de miras que no han tenido hasta el día de hoy. Ambas partes se verán en la obligación de hacer concesiones, seguramente donde más duela. Puesto que, al día de hoy, estamos en lugar en el que todos perdemos.
Publicado en La Nueva Crónica de León el 1 de octubre de 2015

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