lunes, 13 de julio de 2015

Y los que nos quedan

Trece años después, seguramente no estemos donde imaginamos. Probablemente la vida no nos trató como nos hubiera gustado. Seguramente nuestros sueños fueran otros. Quizás imaginamos un futuro en otra parte o soñamos con una vida diferente. Es bastante probable que así sea.
 
Echo la vista atrás y recuerdo largas caminatas y apasionadas conversaciones, viajes y anhelos comunes, los mismos que hoy tenemos pintados de otro color. Vuelvo la mirada y nos recuerdo llenos de ilusión  y proyectos en común. Veo lugares lejanos en los que vivimos, gentes que pasaron por nuestras vidas con mayor o menor impacto, paisajes que no olvidaremos nunca y lugares que jamás querremos recordar.
 
Recuerdo más risas que lágrimas, y estas no fueron pocas; miradas de complicidad y gestos que lo dijeron todo. Momentos de dolor que nos volvieron más fuertes, esperas que se hicieron eternas y amigos que nunca volverán. Aborrezco la distancia que con frecuencia nos separa y disfruto de la música que me recuerda a ti todos esos días.
 
Me detengo por un momento, miro, y nos veo más jóvenes; y siento melancolía y esperanza a la vez. Nostalgia del tiempo que se nos escapó pero ilusión por el que está por llegar.
 
Me paro con frecuencia a observarme, a descifrar si pasados los cuarenta soy quien quería, y llego a la conclusión de que eso siempre será así mientras estés a mi lado. Gracias por todos estos años y por los que están por llegar.

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