viernes, 3 de julio de 2015

Nuestro baloncesto



Ayer, como una vez al año, bajé a colocar el trastero. He llegado a la conclusión de que tienen vida propia. Rebuscando en una de las cajas, me encontré con las plantillas de LEB Oro de la temporada 2002/03, mi primera como primer entrenador en Los Barrios. Allí aparecían nombres como los de Splitter, Lampe, Salgado, Chagoyen, Cabral, Andre Turner, San Miguel, Uriz, Cargol, Murcia, Bulfoni, Galilea, Van Lacke, Reynés, Savane o Hamilton. 

Hoy sigue habiendo algún jugador importante, pero el nivel medio de la competición está a años luz de aquellas temporadas; dicho con todo el respeto. 

Llega el verano y, del mismo modo que yo bajo a colocar el trastero, asistimos a un permanente déjà vu en la ACB y en las competiciones FEB. La primera es una liga prácticamente cerrada, con unos requisitos que no se ajustan a la realidad económica actual. Además de tener una doble moral a la hora de auditar las cuentas de unos y otros. Es decir, a los que ascienden se les inspecciona escrupulosamente, y con los que llevan años en la liga se hace la vista gorda. Es un secreto a voces las dificultades e irregularidades de algunos de ellos. 

Como entrenador, resulta misión casi imposible motivar a un equipo que intuye que dará igual lo que haga en la pista, puesto que serán los despachos quienes dictaminen. Este motivo, más los exiguos salarios que se pagan, provoca que el nivel de la competición sea más bajo a cada temporada que pasa. El nivel, y la falta de un objetivo, motiva cada vez menos al aficionado. Todos sabemos que será casi imposible que alguno ascienda; del mismo modo que sabemos que quien desciende, con casi toda seguridad, podrá volver a la misma competición. 

Después está la verbena de las inscripciones en las categorías FEB. Este que no sale, aquel al que le faltan unos papeles, damos una moratoria para que se subsane, volvemos a dar otra, a ver si sacamos más equipos. En fin, una vergüenza. Pero no pasa nada, las medallas de las selecciones se encargarán de tapar las miserias de nuestro baloncesto. Nada que no puedan arreglar un par de comidas en el Txistu. 

Sueldos de miseria, competiciones cada vez más cortas y peores condiciones a cada año que pasa. Licencias de americanos prohibitivas y cánones de participación que son un atraco a mano armada. No cabe duda de que la FEB ha hecho grandes cosas por las selecciones nacionales, pero no se puede decir lo mismo de sus competiciones. A las cuales ha marginado y estrangulado hasta convertirlas en muertos vivientes. 

Nunca he tenido opciones de formar parte del organigrama de la Federación, está claro que después de esto mucho menos. No me importa, prefiero no ser esclavo de mi silencio. Me duele mucho lo que veo y así lo manifiesto. Estamos acabando con nuestro deporte, ya queda menos.

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