lunes, 13 de julio de 2015

Y los que nos quedan

Trece años después, seguramente no estemos donde imaginamos. Probablemente la vida no nos trató como nos hubiera gustado. Seguramente nuestros sueños fueran otros. Quizás imaginamos un futuro en otra parte o soñamos con una vida diferente. Es bastante probable que así sea.
 
Echo la vista atrás y recuerdo largas caminatas y apasionadas conversaciones, viajes y anhelos comunes, los mismos que hoy tenemos pintados de otro color. Vuelvo la mirada y nos recuerdo llenos de ilusión  y proyectos en común. Veo lugares lejanos en los que vivimos, gentes que pasaron por nuestras vidas con mayor o menor impacto, paisajes que no olvidaremos nunca y lugares que jamás querremos recordar.
 
Recuerdo más risas que lágrimas, y estas no fueron pocas; miradas de complicidad y gestos que lo dijeron todo. Momentos de dolor que nos volvieron más fuertes, esperas que se hicieron eternas y amigos que nunca volverán. Aborrezco la distancia que con frecuencia nos separa y disfruto de la música que me recuerda a ti todos esos días.
 
Me detengo por un momento, miro, y nos veo más jóvenes; y siento melancolía y esperanza a la vez. Nostalgia del tiempo que se nos escapó pero ilusión por el que está por llegar.
 
Me paro con frecuencia a observarme, a descifrar si pasados los cuarenta soy quien quería, y llego a la conclusión de que eso siempre será así mientras estés a mi lado. Gracias por todos estos años y por los que están por llegar.

domingo, 12 de julio de 2015

Gracias, portero


Solo, como cuando se enfrentó en infinitos mano a mano, así estuvo en la sala de prensa. No le debió resultar especialmente extraño; su profesión le acostumbró a ello. Mucho más cerca de la crítica que del halago, porque siempre ha tenido mayor repercusión marcar un gol que evitarlo, o encajarlo que fallarlo.
16 años después, y con 19 títulos a sus espaldas; se despidió, de la manera más triste posible, un mito del madridismo y un icono del deporte español.
Somos un país particular, acostumbramos a encumbrar a nuestros deportistas con la misma facilidad que los humillamos. A glorificarlos y llevarlos al infierno con un minuto de distancia. Casi siempre adocenados por "pesebreros".
Casillas ha sido el más grande de los porteros que ha dado este país, y aunque sus últimos años disten de sus mejores épocas, el acoso y desprecio al que ha sido sometido durante los últimos años resulta intolerable. Se le ha faltado al respeto, se le llamó topo y chivato, como si toda esa fauna que se volvió en su contra estuviera a diario dentro del vestuario del Real Madrid. Se le llamó pesetero, como si todos esos apasionados madridistas fueran a renunciar al finiquito, o al contrato firmado que tuvieran en su empresa, si esta quisiera despedirlos. Es lo que tiene ser el país de los chismes.
Ni un gesto a reprochar ni una palabra fuera de lugar, errores unos cuantos, porque los años pesan y porque el acecho se convirtió en persecución. Y, seguramente, porque resulta imposible mantener el nivel al que nos acostumbró.
Llegó un momento en el que eras de Casillas o estabas contra él. Y a mí, que no me gusta el fútbol más que media docena de partidos al año, me resultó repelente tanta fobia.
No conozco a Casillas, nunca me fui a cenar con él ni me contó ningún cotilleo, pero he tenido la suerte de estar en unos cuantos vestuarios, y muchos de los de fuera creen saber más de lo que ocurre.

viernes, 3 de julio de 2015

Nuestro baloncesto



Ayer, como una vez al año, bajé a colocar el trastero. He llegado a la conclusión de que tienen vida propia. Rebuscando en una de las cajas, me encontré con las plantillas de LEB Oro de la temporada 2002/03, mi primera como primer entrenador en Los Barrios. Allí aparecían nombres como los de Splitter, Lampe, Salgado, Chagoyen, Cabral, Andre Turner, San Miguel, Uriz, Cargol, Murcia, Bulfoni, Galilea, Van Lacke, Reynés, Savane o Hamilton. 

Hoy sigue habiendo algún jugador importante, pero el nivel medio de la competición está a años luz de aquellas temporadas; dicho con todo el respeto. 

Llega el verano y, del mismo modo que yo bajo a colocar el trastero, asistimos a un permanente déjà vu en la ACB y en las competiciones FEB. La primera es una liga prácticamente cerrada, con unos requisitos que no se ajustan a la realidad económica actual. Además de tener una doble moral a la hora de auditar las cuentas de unos y otros. Es decir, a los que ascienden se les inspecciona escrupulosamente, y con los que llevan años en la liga se hace la vista gorda. Es un secreto a voces las dificultades e irregularidades de algunos de ellos. 

Como entrenador, resulta misión casi imposible motivar a un equipo que intuye que dará igual lo que haga en la pista, puesto que serán los despachos quienes dictaminen. Este motivo, más los exiguos salarios que se pagan, provoca que el nivel de la competición sea más bajo a cada temporada que pasa. El nivel, y la falta de un objetivo, motiva cada vez menos al aficionado. Todos sabemos que será casi imposible que alguno ascienda; del mismo modo que sabemos que quien desciende, con casi toda seguridad, podrá volver a la misma competición. 

Después está la verbena de las inscripciones en las categorías FEB. Este que no sale, aquel al que le faltan unos papeles, damos una moratoria para que se subsane, volvemos a dar otra, a ver si sacamos más equipos. En fin, una vergüenza. Pero no pasa nada, las medallas de las selecciones se encargarán de tapar las miserias de nuestro baloncesto. Nada que no puedan arreglar un par de comidas en el Txistu. 

Sueldos de miseria, competiciones cada vez más cortas y peores condiciones a cada año que pasa. Licencias de americanos prohibitivas y cánones de participación que son un atraco a mano armada. No cabe duda de que la FEB ha hecho grandes cosas por las selecciones nacionales, pero no se puede decir lo mismo de sus competiciones. A las cuales ha marginado y estrangulado hasta convertirlas en muertos vivientes. 

Nunca he tenido opciones de formar parte del organigrama de la Federación, está claro que después de esto mucho menos. No me importa, prefiero no ser esclavo de mi silencio. Me duele mucho lo que veo y así lo manifiesto. Estamos acabando con nuestro deporte, ya queda menos.