lunes, 11 de mayo de 2015

Que no se acabe

Hoy debería de estar en mi casa, seguramente después de haber descendido con Sampaense. Jodido por no haber logrado el objetivo propuesto y para el que me contrataron. Estaría pensando qué iba a ser de mi vida la próxima temporada, con la incertidumbre de saber si mis huesos acabarían dentro del chándal de otro equipo o, por el contrario, si me quedaría en casa a la espera de una llamada que quizás no llegase.
 
Vamos tan aprisa que no reparamos en que las decisiones de otras personas, incluso aquellas a las que no conocemos, pueden cambiar el rumbo de nuestra vida de un modo drástico. Ese ha sido mi caso, cuando Carlos Pinto, anterior entrenador de Ovarense, empezó a pensar en presentar su dimisión, mi vida comenzó a cambiar sin yo saberlo.
 
Y aquí me encuentro hoy, en las semifinales de la liga portuguesa, con 1-1, después de que el sábado ganáramos a Benfica en Lisboa, donde no perdía desde enero de 2013 y donde Ovarense no había ganado desde que los capitalinos volvieron a la competición en 2008.
 
He entrenado en muchos clubes y divisiones, he dirigido a jugadores extraordinarios, a personas sensacionales con las que he construido amistad, pero nunca he estado al frente de un grupo como este. Jamás he dirigido a unos jugadores que asumieran los compromisos hasta las últimas consecuencias y que aceptarán los desafíos del modo que ellos lo hacen. Que lucharan hasta desfallecer y que su fe dejara a un lado la lógica.
 
Tíos que ponen la palabra equipo por encima de cualquier ego, veteranos curtidos en cien mil batallas que luchan como si estuvieran en el patio del colegio, jóvenes que no se arrugan, tipos que siempre te miran a los ojos y no rehúyen un reto por difícil que este parezca.
 
Personas que te hacen creer que todo es posible, con las que irías al fin del mundo si fuese preciso porque sabes que nadie se quedaría tirado a mitad del camino. Ninguno de nosotros queremos que esto termine este fin de semana. Quizás la razón diga lo contrario, pero tengo un vestuario lleno de locos.
 
NOTA: No recuerdo haber disfrutado de este modo entrenando, por ello debo decir que esto no hubiera sido posible sin que Pedro Veloso, presidente de Sampaense, me hubiese dado la oportunidad de volver a entrenar después de tanto tiempo y sin que hubiese mostrado su generosidad al dejarme marchar. Y como de bien nacidos es ser agradecidos, eso es algo que no podré olvidar por más tiempo que pase.

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