miércoles, 27 de mayo de 2015

Nosotros sí



Nací durante los postreros años de la dictadura, por suerte, no tengo ningún recuerdo de la misma. La transición me queda lejos, y la memoria me lleva a un Adolfo Suárez que vivía sus últimos años como político. Los muchos años de gobierno socialista, con Felipe González al frente, están mucho más presentes, especialmente los de su declive. Obviamente, la proximidad de todo lo que vino después de aquello ocupa un espacio predominante en mi retentiva. 

Podría decir que, desde que tengo uso de razón, España siempre ha estado dividida en dos partes. Dos colores, el rojo y el azul, que escondían mucho más que una simple escasez cromática. Heridas abiertas de un pasado no muy lejano, reproches constantes, recuerdos cruentos de complicada cicatrización, las víctimas como despreciable argumento político, la utilización de la prensa como vehículo de manipulación y los diferentes planes educativos como medio para adocenar al futuro del país. 

Consenso, pacto o acuerdo eran palabras que no existían en sus diccionarios. Únicamente se escuchaba la cantinela del "tú más". Nunca tuvo nada de gracioso, pero en los últimos tiempos el argumento rozó la ofensa hacia cualquiera que tuviera dos dedos de frente. 

El rodillo se sacaba a pasear a la menor oportunidad y hasta pasados cuatros años no se volvían a acordar de nosotros. Hasta tal punto que llegaron a pensar que este país era su cortijo y se lo podían llevar crudo sin que hubiera ningún tipo de consecuencia penal ni electoral. 

Nos trataron como a idiotas menores de edad y pensaron que no habría personas con el coraje y la capacidad suficiente como para comprometer sus acomodadas posiciones. Creyeron que el 15M solo era una panda de piojosos perroflautas sin conciencia social a los que les interesaba poco la democracia y mucho el barullo y la confusión. Igual que no se tomaron en serio a Rivera y supusieron que era simple fotogenia.  

El mapa político continúa con los mismos colores aunque bastante más difusos, ahora serán imprescindibles los pactos para gobernar. Urgirá llegar a acuerdos. Y para todos aquellos que piensan que con este panorama el país será ingobernable, les invito a que vean la serie danesa "Borgen", en ella podrán comprobar que nos queda demasiado por aprender de democracias mucho más antiguas. 

A pesar de ello, esta semana hemos vuelto a asistir al esperpéntico espectáculo de las ruedas de prensa post-electorales, y uno llega a la conclusión de que no han entendido nada. Afortunadamente, nosotros sí. 

Publicado en La Nueva Crónica de León el 27 de mayo de 2015

jueves, 21 de mayo de 2015

¡GRACIAS!

Se terminó, y lo hizo del modo que menos nos hubiera gustado. Fue un día repleto de sentimientos, todos a flor de piel; como lo han sido cada uno de estas dos últimas semanas.

La lógica acabó por imponerse y la abultada derrota de ayer dimensiona aún más el trabajo realizado durante este play-off. Les llevamos al límite y eso provocó que superáramos el nuestro.

Ayer, ese vestuario de locos que he tenido durante estos meses, y que constantemente desafió al sentido común, recuperó la cordura de modo abrupto. Pero nunca perdió el corazón, el coraje, el orgullo y la raza que les llevó a soñar con jugar la final. Y lo hicieron porque están hechos de otra pasta, esa que forja a los ganadores.

Por eso, y por una afición que ayer me ganó para el resto de mi vida. Fueron 300 pero parecieron 3.000. Animando constantemente, sin un momento de respiro. Con 10, 20 y 30 abajo. Cantando, ondeando banderas y agitando sus bufandas. La ovación final, el reconocimiento mutuo entre jugadores y aficionados, quedará por siempre en mi memoria. Como quedará la imagen de esos cincuenta o sesenta chavales regresando a pie hacia sus casas a las tres de la mañana después de que el último autobús los dejara en el lejano pabellón.


Fue una noche de derrota, amarga, como lo son todas; porque las dulces no existen. Pero fue un día de gestos y palabras bonitas. Fue una noche de sentimiento y reconocimiento mutuo. Una de esas que no se olvidan por más tiempo que pase. Por todo ello, GRACIAS. 

lunes, 11 de mayo de 2015

Que no se acabe

Hoy debería de estar en mi casa, seguramente después de haber descendido con Sampaense. Jodido por no haber logrado el objetivo propuesto y para el que me contrataron. Estaría pensando qué iba a ser de mi vida la próxima temporada, con la incertidumbre de saber si mis huesos acabarían dentro del chándal de otro equipo o, por el contrario, si me quedaría en casa a la espera de una llamada que quizás no llegase.
 
Vamos tan aprisa que no reparamos en que las decisiones de otras personas, incluso aquellas a las que no conocemos, pueden cambiar el rumbo de nuestra vida de un modo drástico. Ese ha sido mi caso, cuando Carlos Pinto, anterior entrenador de Ovarense, empezó a pensar en presentar su dimisión, mi vida comenzó a cambiar sin yo saberlo.
 
Y aquí me encuentro hoy, en las semifinales de la liga portuguesa, con 1-1, después de que el sábado ganáramos a Benfica en Lisboa, donde no perdía desde enero de 2013 y donde Ovarense no había ganado desde que los capitalinos volvieron a la competición en 2008.
 
He entrenado en muchos clubes y divisiones, he dirigido a jugadores extraordinarios, a personas sensacionales con las que he construido amistad, pero nunca he estado al frente de un grupo como este. Jamás he dirigido a unos jugadores que asumieran los compromisos hasta las últimas consecuencias y que aceptarán los desafíos del modo que ellos lo hacen. Que lucharan hasta desfallecer y que su fe dejara a un lado la lógica.
 
Tíos que ponen la palabra equipo por encima de cualquier ego, veteranos curtidos en cien mil batallas que luchan como si estuvieran en el patio del colegio, jóvenes que no se arrugan, tipos que siempre te miran a los ojos y no rehúyen un reto por difícil que este parezca.
 
Personas que te hacen creer que todo es posible, con las que irías al fin del mundo si fuese preciso porque sabes que nadie se quedaría tirado a mitad del camino. Ninguno de nosotros queremos que esto termine este fin de semana. Quizás la razón diga lo contrario, pero tengo un vestuario lleno de locos.
 
NOTA: No recuerdo haber disfrutado de este modo entrenando, por ello debo decir que esto no hubiera sido posible sin que Pedro Veloso, presidente de Sampaense, me hubiese dado la oportunidad de volver a entrenar después de tanto tiempo y sin que hubiese mostrado su generosidad al dejarme marchar. Y como de bien nacidos es ser agradecidos, eso es algo que no podré olvidar por más tiempo que pase.