viernes, 17 de abril de 2015

Ni lo que nos cuentan

Solo sabemos lo que nos cuentan, y desconocemos si cuanto nos dicen es cierto. Con frecuencia, puesto que nos han convertido en unos descreídos, desconfiamos de todo lo que oímos.

En los últimos años se han producido muchas series sobre política pero, a mi juicio, ninguna como “House of cards”, protagonizada de modo magistral por Kevin Spacey.

Recientemente he terminado de ver la tercera temporada y, como en las dos anteriores, cada capítulo me ha llevado a una constante reflexión sobre la democracia actual y los seres humanos.

Si no ha visto la serie y prefiere sacar sus propias conclusiones, deje de leer en este momento. Contiene spoiler.

Frank Underwood es un político astuto y sin escrúpulos que llega a ser presidente de los Estados Unidos sin ni tan siquiera presentarse a las elecciones. La evolución del personaje a lo largo de la trama es notable, aunque no deja de formar parte de un proceso lógico.

Extraordinario manipulador gracias a su inteligencia, y a las ansias de poder que tienen sus víctimas; anticipa un par de jugadas todo lo que va a suceder. Provoca desastres controlados que repercuten en su beneficio y camela con falsas promesas a cuantos puedan servirle en el recorrido hacia su propósito. Después no tiene reparos en destruirlos o asesinarlos, si llega el caso. Como él mismo asegura: “el camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía”. Maquiavelo debió ser un personaje parecido.

Curiosamente, cuando llega a la Casa Blanca se vuelve más predecible y se ve sorprendido con una frecuencia inusual hasta entonces. Por el contrario, su poder de seducción queda aparcado, pierde toda la gracia, y muestra su lado autoritario y despiadado. Es un tipo despreciable que ni buscando la palabra honestidad en el diccionario sería capaz de entender su significado.

Aquí una de las sentencias que le retratan: "¡Qué desperdicio de talento! Él eligió el dinero en vez del poder, un error que casi todos cometen. Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos después de diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos. No puedo respetar a alguien que no entienda la diferencia".

Tiene frases lapidarias, pero me quedo con este diálogo con Claire, su mujer, la cual merece capítulo aparte.

“Hemos mentido durante mucho tiempo, Francis”, dice ella. “Por supuesto, imagínate lo que pensarían los votantes si ahora empezáramos a decirles la verdad”.

Podemos apostar que la ficción no difiere en absoluto de la realidad.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 15 de abril de 2015



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