viernes, 20 de marzo de 2015

Estamos de atar

Póngase en situación, aunque le advierto que no le va a resultar fácil. Usted tiene una casa de planta baja en la que vive tranquilamente desde hace más de 40 años y, de buenas a primeras, ve como, con cierta frecuencia, le arrojan pizzas sobre el tejado de su morada mientras inmortalizan el momento.

Esto, tal cual suena, le está ocurriendo a los propietarios de la casa que habitaba Walter White durante la serie Breaking Bad. En el segundo episodio de la tercera temporada, el protagonista, acompañado de una pizza gigante, llega a su casa con el propósito de reconciliarse con su mujer. Esta se niega a dejarle entrar, y él, en un ataque de furia, decide lanzar la pizza sobre el tejado de la casa.

Albuquerque, ciudad de Estados Unidos donde se desarrolla la serie y en la que tuve la suerte de vivir durante los primeros meses del año 2000, se ha convertido en lugar de peregrinación para muchos de los seguidores de White y Pinkman.

Acuden allí con la intención de visitar lugares emblemáticos de la trama. La ciudad recibe de buen grado al visitante, puesto que el turismo se ha disparado gracias a la repercusión que ha tenido la que muchos consideran la mejor serie de la historia, me incluyo entre ellos. Ahora bien, lo de la pizza ya nos les hace tanta gracia. Y a los dueños de la casa menos.

Es acongojante lo mal que está el personal. Te gastas un dinero en coger un avión para viajar a Albuquerque, alojarte allí y alquilar un coche. Decides contextualizar personalmente lo ocurrido durante la serie y, en un alarde de ingenio, te acercas a la pizzería más próxima a comprar la pizza más grande que hay y, en lugar de comértela, la arrojas sobre el tejado de una casa. Hay que ser imbécil. Espero que al menos caiga boca arriba, como en la serie.

Esto no se le pudo ocurrir a varios lumbreras a la vez, me niego a pensar que más de uno, según estaba viendo el capítulo, dijera: “Cómo me gustaría lanzar una pizza sobre el tejado de esa casa”.

Después de escribir esto, hasta me parece normal que el pijama que usa Belén Esteban en la casa de Gran Hermano se agotara. Estamos de atar.


Publicado en La Nueva Crónica de León el 18 de marzo de 2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario