miércoles, 11 de marzo de 2015

El deporte no se toca

Si existiera en una sociedad un elemento que debiera permanecer absolutamente inquebrantable, este tendría que ser el deporte.
 
Vivimos instalados en el escándalo, cada vez menos asombrados por el estercolero que nos rodea y el hedor que este desprende. Con casos de corrupción a mansalva, con la vida política y social de este país salpicada por mordidas, juicios y barrotes.
 
Parece que el deporte es la única tabla a la que poder asirse para escapar, aunque sea por unas horas, de este delirio diario. Nos agarramos a las hazañas de los nuestros con orgullo, las hacemos propias. Ya sean las de aquellos que están en el extranjero, las de los que compiten en eventos internacionales representando a España o las de nuestro equipo cada fin de semana.
 
Porque el deporte supone la evasión temporal de quien lo presencia como mero espectador, pero ese no es el único valor que este le otorga. Se valora porque el deporte es esfuerzo, sacrificio, afán de superación, disciplina, fortaleza física y mental, trabajo en equipo, humildad y juego limpio. Saber ganar, tanto o más que saber perder.
 
Por eso, cuando hace un par de semanas se destapó el escándalo de la compra de partidos por parte de Osasuna, uno no puede más que sentir asco y desprecio.
 
Podría llegar a entender (nunca justificar) a los dirigentes que urden la trama. Con frecuencia son tipos que llegan con la intención de medrar, con el propósito de lograr una notoriedad que jamás conseguirían por sí mismos y que, en la mayoría de los casos, no se han puesto el chándal más que los domingos de buena mañana para ir a limpiar el coche. Fulanos que suelen buscar en el fútbol el rédito económico que les niega su incapacidad.
 
Lo que de ningún modo entenderé es que un deportista se preste a ello. Más allá de humillar a su afición, aspecto que a muchos se la trae al pairo. No concibo que se falte al respeto a sí mismo de un modo tan miserable; y que pisotee su esfuerzo, su trabajo y dignidad por unos miles de euros.
 
Ahora por cosas como estas la gente va al trullo. En cualquier caso, tipos así no son dignos de volver a pisar un campo.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 11 de marzo de 2015

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