miércoles, 3 de diciembre de 2014

Con su ausencia por costumbre

Pasa rápido el tiempo, demasiado a prisa, de modo inexorable. Sin esperar por nada ni por nadie. Tan raudo que, cuando uno echa la vista atrás, parece imposible que hayan transcurrido 25 años.
 
Esos, casi tantos como los que él tenía cuando murió, son los diciembres que llevamos sin Fernando Martín. Tal día como hoy, en un frío domingo de 1989, encontró la muerte en la M-30 el jugador que cambió el rumbo del baloncesto español.
 
Había estado lloviendo hasta el mediodía. Apoltronado en el sillón del salón veía aquel magnífico programa de Constantino Romero llamado “El tiempo es oro”. Mi padre, con los huesos empapados por la humedad y la expresión descompuesta, regresaba de coger setas.
 
Me miró, tragó saliva y me dio la noticia. La radio aún no lo confirmaba, había dudas, aunque cada vez menos. Se sabía que era un jugador del Real Madrid de baloncesto. La tensión por averiguar de quién se trataba iba en aumento. Llegaban a cuenta gotas al pabellón para disputar el partido que aquella tarde tenían contra el CAI de Zaragoza.
 
Únicamente quedaban dos por aparecer, ambos estaban lesionados, eran Quique Villalobos y Fernando Martín. Finalmente, se confirmó la muerte de este último.
 
Lloré, y mucho. Como lo he hecho después en mí vida, pero no hasta entonces. Como lo hicieron muchos chavales de mi generación. Quizás porque soñábamos ser como él. Con él nació el primer y único ídolo que muchos hemos tenido en la vida.
 
Porque Martín era un tipo especial, un deportista hecho de otra pasta. Alguien que parecía invencible, todo carácter, un ganador, un pionero. Quién no retiene en la memoria aquel gancho en suspensión, su tiro a cinco metros, sus poderosos rebotes, su carrera en el contraataque como si fuera un tren de mercancías, incluso, su capacidad para el pase.
 
Hoy, cuando se cumplen 25 años de su desaparición, somos muchos los que nos acordamos de él. Seguimos siendo legión los que hubiéramos deseado verle muchos años más sobre una cancha de baloncesto. El tiempo olvida las ausencias, hasta las de los más grandes. Aún así, los recuerdos que nos dejó Fernando Martín permanecerán imborrables.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 3 de diciembre de 2014