jueves, 20 de noviembre de 2014

#NoPayNoCoach


Hace unas semanas no salía de mi asombro, aquí, en Portugal, la convalidación de mi título de Entrenador Superior de baloncesto, soy tan mayor que lo saqué cuando aún se llamaba así, supuso un auténtico quebradero de cabeza.
No bastó con el título y una comprobación de federación a federación, tuvo que pasar por lo que en España sería el Consejo Superior de Deportes. Me requirieron, dentro de la Unión Europea, el pasaporte. Además de un número de contribuyente portugués, con los trámites burocráticos que ello conlleva. Al final, después de seis semanas, tuve la convalidación. Si bien dirigí el primer partido de liga con una autorización provisional que llegó in extremis.
Ayer, mi asombro por lo que me pasó aquí se convirtió en indignación al ver lo que les pasa a los entrenadores de baloncesto catalanes. El Departament d'Ensenyament de la Generalitat de Catalunya exige que todos los títulos tramitados entre 1999 y 2014 deben regularizarse para acceder al 'Título de Técnico Deportivo de Bàsquet'.
Por lo que, a partir del 1 de enero, todos aquellos títulos obtenidos en ese periodo no tendrán validez alguna; a menos que se sometan a un carrusel de clases, pruebas y entrevistas. Todo, antes de pasar por caja, obviamente.
Quiere esto decir que esos títulos desaparecen porque a alguna “mente pensante” se le ocurrió un buen día tan “brillante” idea. Significa esto que los títulos expedidos por la Federación son papel mojado, que no valen nada. Y que el dinero y el tiempo invertido por estos entrenadores son arrojados por el desagüe.
Ponen en cuestión su preparación, su dedicación, las horas de patio y de viajes. Además de jugar con todo lo anterior, lo hacen con su esfuerzo e ilusión. Personas que le restan tiempo a sus familias con el único objetivo de hacer lo que más les gusta. Enseñar baloncesto y educar a través de él.
Entrenadores que se han formado y estudiado para ello. A los que nadie les regaló el título. Ahora, habría que decirles a los ideólogos que sus títulos, si es que los tienen, tampoco valen, aunque a juzgar por la decisión tomada debieron comprarlos.
Parece evidente que tras esta resolución subyace un espurio interés recaudatorio, el cual resulta vergonzoso, indecente e injusto. Y ante la injusticia sólo existe el camino de la insumisión. Si los tipos del traje y corbata quieren baloncesto bajo estas condiciones, habría que decirles que se vistan de corto y bajen ellos a la cancha.