viernes, 24 de octubre de 2014

No va más


Acabamos la pretemporada como si estuviéramos a punto de comenzar el verano, 28 grados y un sol de justicia. No hay quién pare más de cinco minutos a la solana o corre riesgo de achicharrarse.
Han sido siete intensas semanas, han servido para coger la forma física, para empezar a conocernos, tanto profesional como personalmente, y para activar todos los automatismos defensivos y ofensivos. No ha sido la pretemporada soñada, puesto que hemos estado con nueve jugadores todos los días a excepción de cuatro entrenamientos. Estamos cerca de convertirnos en el mejor equipo en el 5x0 y en el 4x4. A pesar de ello, hemos aprovechado el tiempo.
 
Me hubiera gustado jugar, al menos, dos partidos más. El balance final ha sido de tres victorias y cuatro derrotas, compitiendo siempre y con opciones reales de ganar en cada encuentro, excepto contra Lusitania, quien nos sacó del campo en el segundo tiempo. Finalmente le dimos una mano de maquillaje para minimizar el descalabro.
 
En líneas generales, el equipo trabaja bien, hay que apretar para evitar que se relajen pero suelen responder. Con lo que más disfruto es viendo cómo recuperan, bendita juventud. Y ahí estamos, siendo el equipo más joven de la liga con 22 años de media. Tendrán que aprender a carreras, no queda otra. El mayor reto de un equipo así es evitar una racha negativa, agarrarse a la competición.
Mañana debutamos en Algés, a 10 kilómetros de Lisboa, donde el Tajo se confunde con el Atlántico. La semana trajo mejores sensaciones en sus primeros días, pero sólo son eso, sensaciones. Ahora toca llevar el trabajo de todo este tiempo al terreno donde los errores no se perdonan.
 
Cuatro años han transcurrido desde mi último partido oficial, no siento nada especial. Quizás porque realmente esto es como andar en bicicleta, probablemente porque el primer día que bajé a la cancha tuve la sensación de haber estado allí el día anterior o seguramente porque es una práctica tan interiorizada como dormir o comer.  
 
En cualquier caso, la sensación que nunca he olvidado es la de perder, y esa no me gusta nada.