martes, 14 de octubre de 2014

Que Dios nos pille confesados


Dice un cartel colocado en el servicio de urgencias del Hospital de Alcorcón: “Yo me toco la cara como Teresa. Si me tocara los cojones sería Consejero de Sanidad”. Es bastante probable que, el Consejero, en el ejercicio de sus competencias se toque con frecuencia sus partes. Aunque, esta vez, lo que ha hecho es tocar los cojones a los demás, especialmente a Teresa Romero y a su familia.
Hoy, después de unos cuantos días se ha dignado a pedir disculpas por carta; puesto que el marido de Teresa no le coge el teléfono ni quiere recibir su visita. Igual le extraña al fulano. La acusó de mentir, de no estar tan mal si había podido ir a la peluquería. Dijo que no hacía falta un máster para ponerse un traje. Pero claro, éste fue el mismo que dijo: “pidiéndole salud a la Virgen le ahorraremos dinero a las arcas públicas”. Retratado el científico.
 
Hay que ser miserable, después de los innumerables recortes que su gobierno ha hecho en Sanidad, después de dos repatriaciones de enfermos de Ébola cuando no se cumplían las medidas mínimas aconsejadas ni se había dado la formación adecuada al personal sanitario. Después de que la Ministra de Sanidad haya hecho una de las peores gestiones que se recuerdan y se haya mostrado como una absoluta incompetente.
Después de que Teresa se enterara por la prensa que estaba infectada con el virus. Después de que el ABC la diera por muerta e incluso llegara a publicar que sería incinerada. Después de que la televisión de Castilla-La Mancha se burlara de ella o después de que el miserable de Jiménez Losantos dijera que: “en el pecado lleva la penitencia”.
 
Todo ello, teniendo en cuenta que Teresa se presentó voluntaria para asistir al misionero infectado.
Para rematar la faena, Javier Rodríguez, el ínclito Consejero,  dijo en una entrevista: "Yo tendré que asumir la responsabilidad y si tengo que dimitir, dimitiría. No tengo ningún apego al cargo, soy médico y tengo la vida resuelta”. Por sus palabras se deduce que, de no tener la vida resuelta ni tan siquiera pensaría en dimitir.
 
Pero claro, después de comprobar cómo fue ovacionado por sus compañeros en la Asamblea de Madrid, está la cosa como para dimitir o para que lo cesen. Pues nada, que Dios nos pille confesados.