miércoles, 13 de agosto de 2014

Imposible ser de otro modo




Los estereotipos entrañan mucho peligro y casi siempre son considerados verdades absolutas. Simplifican los argumentos. Agrupan, sin distinción, a países enteros, razas, religiones o profesiones. 

Dicho lo cual, asumo el riesgo que ello conlleva. Dicen de nosotros que somos testarudos, tercos, difíciles de convencer una vez que ya hemos tomado partido. Directos, incluso hasta rozar la impertinencia en algunas ocasiones, la falta de educación en otras. 

También dicen que somos fríos, cerrados, y que nunca abrimos la puerta de nuestra casa a un recién llegado hasta que éste no demuestre que es merecedor de nuestra confianza. También se cuenta que, una vez abierta, jamás la cerraremos a menos que nos sintamos traicionados. 

Evitamos los ambages y la adulación, llamamos a las cosas por su nombre aún a riesgo de terminar arrepintiéndonos. 

Hay quien argumenta que también somos emprendedores, que los retos rara vez nos asustan y que tenemos una gran capacidad para sobrevivir por contrarias que sean las circunstancias. 

Ignoro si todo esto es cierto y, si así fuera, desconozco si la gran mayoría de los leoneses somos así. El caso es que, de ser veraz todo lo que cuentan sobre nosotros, uno concluye que es imposible ser de otro modo. 

Soportamos largos días de invierno, con sus correspondientes noches. Convivimos con el frío, la nieve, la lluvia, el viento y, en ocasiones, la niebla. Aún así, hacemos gala de nuestro frío, porque como él no hay ninguno. Basta con abrigarse bien y echar a andar. 

Tratamos de ponerle al mal tiempo buena cara, a pesar de rozar muchos días el hartazgo. 

Siempre nos acompaña nuestra mítica “chaquetina” por si refresca en las noches de verano. También somos previsores, son unos cuantos siglos de experiencia. Y éste está siendo uno de esos veranos.

Días de lluvia, truenos, relámpagos, frío, menos luz de la habitual. El otoño habitando en el cuerpo del verano. Luego vendrán días de octubre que nos recuerden a los que no tuvimos en julio. 

Dicen que el hábito hace al monje. Sin lugar a dudas, el clima forja el carácter. El nuestro no puede ser de otro modo.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 13 de agosto de 2014