domingo, 3 de agosto de 2014

De vuelta a la vida de siempre




Esa manía de escupir hacia arriba buscando desafiar a la gravedad. Pasados los 40 deberían estar prohibidas las sentencias y las frases lapidarias; tales, únicamente se justifican por falta de experiencia al no haber recorrido lo suficiente. Quizás atrevimiento. O una falta de respeto a la vida, a la vivida y a la que queda por llegar. 

Deberíamos haber aprendido tanto como para no cometer semejante error. Como para no creer que podemos adivinar el futuro o como para no pensar que somos los absolutos dueños de nuestro destino. 

Me pasó hace cuatro años, tengo la disculpa de que, por entonces, veía la frontera de los 40 a cierta distancia. Después de un proceso duro y complejo, decidí bajar la pizarra al trastero y colocarla en el estante más alto. Lo hice con el pleno convencimiento de que no volvería a sentarme en un banquillo profesional. Que aquella época, por circunstancias que no vienen al caso, había quedado atrás.

Hoy, vuelvo a la carretera. Vuelvo a alejarme de los míos, de nuevo meteré parte de mí casa en unas cuantas maletas y perseguiré aquel sueño que un día parecí olvidar.