miércoles, 7 de mayo de 2014

La obligación de tomar partido

El deporte da para un sinfín de cosas, buenas y malas, como todo en la vida. Pero en muchas ocasiones parece que nos obliga a elegir; como si no quedara otro remedio. A lo largo de la historia, y en diferentes disciplinas, ha habido que ser de uno o de otro. No vale con disfrutar, se debe tomar partido.
En automovilismo había que escoger entre Senna o Prost; en atletismo entre Coe o Cram, González-Abascal era la versión española. Eso en 1.500, los 100 metros servían el duelo entre Carl Lewis y Ben Johnson, hasta que a este último le dio por ponerse “morao” de esteroides. En tenis la cosa estaba entre McEnroe y Lendl, y en baloncesto entre Bird y Magic.
Son solo varios ejemplos antiguos que tienen sus respectivos coetáneos. Pero donde verdaderamente se observa esa línea divisoria es en el fútbol. Ahí sí que no vale quedarse a medio camino, no existe la tibieza.
Más allá del manido debate sobre quién es el mejor jugador del mundo, ha surgido una rivalidad entre entrenadores que promete remontarse a la que tuvieron Menotti yBilardo.
Dos estilos antagónicos dentro y fuera de la cancha. Dos formas de ser incompatibles, algunos dicen que estudiadas. Mourinho y Guardiola, un fenómeno digno de investigación sociológica.
Han sido varias semanas en las que no se ha hablado de otra cosa, ríos de tinta, horas de radio y televisión. Sesudos análisis y cientos de interpretaciones después de cada gesto. Que si uno solo responde en inglés en la rueda de prensa, que si el otro lo hace en cuatro idiomas Otra vez las formas. La murga fue tal que nos llevó hasta el hastío, al menos a mí.
Finalmente, ambos fracasaron en su intento de llevar a sus respectivos equipos a la final. El martes los seguidores de Mou se regocijaban viendo cómo Guardiola sucumbía ante el Real Madrid. El miércoles los fieles del catalán cruzaban los dedos con la esperanza de ver al portugués besando la lona.
Se analizó más el descalabro de ambos que la victoria de los españoles. Hubo ventajismo un día y revancha al otro. También mofa y chanza. Una vez más se despertaron todos esos instintos anejos al fútbol.
Publicado en La Nueva Crónica de León el 7 de mayo de 2014