viernes, 21 de febrero de 2014

Furor por el curling




Ya no somos lo que éramos, ni de lejos. Probablemente porque nunca fuimos quienes creímos ser. Siempre parecimos sobrados de recursos; bastaba una mirada, un guiño. Todo parecía tener sentido por muy surrealista que pareciera.

Ayer fue diferente, en esencia idéntico, pero extraordinariamente distinto. Como cada jueves, nos juntamos varios alrededor de una cerveza. El principio resultó cotidiano, temas variados, diferentes opiniones, un jueves más, otra jornada, todo seguía su curso. Hasta que apareció una televisión.

Palidecí, empecé a no entender nada, y puedo jurar que intentaron explicármelo. Los miraba y no era capaz de comprender. De repente, a mi lado apareció un noruego, un sueco, un par de ingleses y un suizo. Los tipos del barrio de San Claudio convertidos, al instante, en profesionales jugadores de curling; acojonante.

Comenzaron a hablar de estrategia, de efectos, de puntos, de entradas al igual que en el beisbol (como si ese fuera el más común de los deportes para un español). Decían haberse enganchando, que tenía su cosa, que era entretenido. Como los dardos o las competiciones de vela. ¡Mátame, camión!

Me hablaron de un Canadá- Alemania y de un Noruega- Reino Unido (creo), emocionantes partidos, con el alma en vilo y el corazón en un puño. Somos mucho de chanza y vacile, hay que escrutar el ambiente y evitar ser el blanco de la guasa. Ni un resquicio de eso, todo muy profesional.

Únicamente acerté a hablar de los ojazos de la inglesa, parecieron ofendidos por un comentario tan superficial. Estaban metidos en su papel, comentando la estrategia, valorando cuál debía ser el mejor modo de evitar que las contrincantes tomaran ventaja. 

Fami me hablaba de las piedras que se utilizan en este deporte, las cuales únicamente se pueden conseguir en un pueblo de Escocia. Materiales, precio, no daba crédito, y eso que pensaba que lo había visto y oído todo. Hasta que llegó el momento en el que una de ellas pidió tiempo muerto. “¡No jodas!, ¿en el curling se pueden pedir tiempos muertos?”

Al instante todos me miraron inquisitoriamente. No quise preguntar por el origen de las escobas, me bastó con oír a Veloso hablar sobre direcciones y fuerzas de frotamiento. 

Todos parecieron satisfechos con el desarrollo y conclusión de la partida, a mi me bastó con comprobar que la chica de los ojos bonitos era la mejor de todas. Siempre he tenido un sexto sentido para detectar el talento.