martes, 4 de febrero de 2014

Intentando comprender



Ayer, la Comisión Europea hizo público un amplio estudio en el que 3 de cada 4 europeos cree que la corrupción está generalizada. Este resultado se basa en una encuesta ciudadana y en análisis propios. 

Si atendemos a las cifras que presentan países como Grecia, Italia, Lituania, España o República Checa, la percepción se dispara por encima del 95%. Hay 10 países de la Unión que superan el 90%. Y 17 de los 27 rebasan la media del 76%. Únicamente Finlandia, con un 29%, y Dinamarca, con un 20, están por debajo del 30%. 

La dimensión del asunto se hace extraordinaria al conocer que las corruptelas en toda la UE le cuestan 120.000 millones de euros al Ejecutivo. 

Esto debería hacernos pensar. Concluir que no es un asunto inherente únicamente al universo político o empresarial, que va mucho más allá de todo eso. Y que el sistema corrompe porque las personas que lo formamos somos susceptibles de ser corrompidas. Necesidad, debilidad, codicia, poder, quién sabe. 

Con el vértigo como compañero, no me atrevería a poner la mano en el fuego por mí mismo. Volúmenes desproporcionados de dinero, cifras que se escapan a la compresión de un ciudadano de a pie, tramas, intrigas y conspiraciones. Dar para conseguir, ofrecer esperando alguna promesa, toma y trae. 

Supongo que todo sea empezar, que resulte adictivo. Del piso de 90 metros cuadrados al chalet de 300, del utilitario al coche de lujo, y si es con chófer, mejor. ¿Por qué ir a un hotel de cuatro estrellas cuando se puede ir a uno de gran lujo? Mejor comer a la carta en un restaurante de tres estrellas Michelin que el menú del día con un vino peleón. ¿A quién no le gusta lo bueno?

Imagino que no tenga que ser fácil mantenerse íntegro a determinadas alturas, estoy seguro que son numerosas y suculentas las tentaciones. Aunque ningún país llega al 100% en esa lapidaria percepción, supongo que alguno no habrá sucumbido. 

Cuando compites siempre quieres hacerlo en igualdad de condiciones, lo otro que queda es revelarte. Algo parecido debió pensar Urdangarín, por estatus social se codeó con personas que tenían muchos más recursos económicos que él.

Frustración, falta de valores o de educación, debilidad, sentimiento de inferioridad; yo qué sé.

Sin una pizca de ironía, busco un modo de comprender todo esto, no me está resultando fácil. Y puedo asegurar que le estoy poniendo empeño.