jueves, 9 de enero de 2014

La vida tendría que ser solo fútbol

Para que no se hablara de otra cosa, bastó que Di María decidiera acomodarse los testículos cuando Ancelotti le cambió en el partido del pasado fin de semana contra el Celta. 

Unos dicen que fue como respuesta a la pitada que le regaló la grada del Bernabéu. Otros aseguran que andaba incómodo, los hombres tenemos, en ocasiones, esa mala costumbre. Al gayumbo le da por meterse en algún pliegue, por enredarse, y no hay otro modo de arreglarlo. Son actos reflejos, feos, pero inconscientes.

Sea como fuere, el entrenador del Real Madrid no le ha dado mayor importancia, aunque el tema aún “colea”. Va a tener suerte el argentino, la caverna mediática piensa estar enredada en temas de mayor calado durante los próximos días. 

Ya llevan meses con el asunto, pero ahora el “bombardeo” se va a intensificar, y de qué modo. Como si este país no tuviera otros problemas de los que ocuparse, la elección del Balón de Oro se ha convertido en una cuestión de estado/s. 

La vida tenía que ser solo fútbol, tertulias de bares, menos debates sesudos y más “Punto Pelota”, más pan y circo y menos problemas cotidianos difícilmente resolubles. Que una parte del sueldo nos la pagaran por el seleccionador que todos llevamos dentro, la otra como tertulianos. Idílico. 

Dudo seriamente que alguno de los veinte energúmenos que ayer asaltaron el palco del Sardinero con la intención de agredir al presidente del Racing de Santander tenga la más mínima conciencia social de lo que en este país sucede. Dicho desde el más absoluto respeto, que viendo la foto que encabeza este post la cosa es para no tomarla a broma. 

Podremos ponernos más jodidos de lo que ya estamos, podrán seguir recortando nuestros derechos, metiendo la mano sin pudor en nuestros bolsillos y continuar con esta constante burla; pero que no nos quiten el fútbol que la liamos, y bien gorda. Por cierto, yo el Balón de Oro se lo daría a López Ufarte, ese sí que tenía clase.