miércoles, 31 de diciembre de 2014

Las disyuntivas de la vida



La vida es una permanente disyuntiva, nos obliga a elegir con frecuencia, a tomar decisiones que marcan nuestro futuro. Y eso es lo que me ha ocurrido en estos días. 

Empecé la temporada cargado de ilusión, tras cuatro años sin entrenar, Sampaense Basket me daba la oportunidad de volver a sentirme entrenador. Me ofrecía la ocasión de regresar a esa vida que tanto echaba de menos aunque con frecuencia me negara a admitirlo.

Ha sido poco tiempo, pero cuatro meses pueden dar para mucho. Una nueva liga, un nuevo país, otro idioma, personas por conocer y las sensaciones de siempre. Cuatros meses intensos, llenos de agradecimiento. 

A Pedro Veloso, presidente del club, eso tipo de personas que me gustan: inteligente, honesto, sincero, de los que siempre te miran a los ojos cuando te habla, con un corazón que no le cabe en el pecho. Como Hugo Duarte, qué hubiera sido de mi sin él durante este tiempo. Siempre al quite, constantemente alerta ante cualquier necesidad. Volcado en hacerme sentir que aquella siempre había sido mi casa. O Vitor, tan testarudo como noble y buena gente. 

A mis jugadores, que confiaron en seguirme y por los que dudé hasta el último momento en aceptar este nuevo reto. Porque dejarles me parecía una traición, no terminar el camino que empezamos juntos. Pero de nuevo aparece la vida para empujarte, para obligarte a tomar una decisión. Otra vez esa cruel sensación de sentimientos encontrados. Feliz por la oportunidad, triste por lo que dejas atrás. 

Sé que quedan en buenas manos, en las mejores posibles, y eso ha sido fundamental en mi decisión. Raúl Jiménez sabrá sacar lo mejor de ellos, le sobran conocimiento y ganas. Amigo, gracias por este mes. Me ha servido para terminar de descubrirte, te voy a echar de menos. 

Por último, muchas gracias a Ovarense por pensar en mi. Me voy a uno de los grandes del país, espero estar a la altura. 

Será jodido, jugaré con dos equipos en cada jornada. Menos en una de ellas, claro está.

Esto se acaba

Hoy es el último día de un 2014 que ha dado para mucho, como casi todos. Languidece un año que algunos se atreven a tildar como el del final de la crisis, como el del inicio de la recuperación económica. Termina un año que, como les sucede a todos los anteriores en un día como hoy, nos resulta viejo, cansado, marchito.

Pasaron muchas cosas en tantos días, algunas buenas, aunque seguramente en menor número que las malas. Otras resultaron históricas. Ahí van algunas, con temor a dejarme algo en el tintero por falta de memoria y espacio.

Siempre se va gente insigne, brillante, poderosa o con calado histórico. Murió Gabriel García Márquez, sumiendo de tristeza a Macondo y al resto del planeta. Nos dejó prematuramente Robin Williams, pero no los personajes que nos hicieron reír y soñar. Falleció Adolfo Suárez, figura clave durante la transición española. Ilustres de la música como Paco de Lucía y Peret. Tres leyendas del fútbol: Luis Aragonés, Alfredo Di Stefano y Eusebio. O magnates como Emilio Botín e Isidoro Álvarez.

Abdicó el Rey Juan Carlos, abocado a un final que no permitía otra salida. Le sucedió su hijo Felipe, que parece decidido a dar un giro a la institución en el fondo y en la formas. Siguiendo con la Casa Real, la Infanta Cristina será juzgada como cooperadora necesaria en los delitos fiscales de su marido.

En política, dimitió Ruiz-Gallardón tras retirar el Gobierno la reforma de la ley del aborto. También se fue Ana Mato, que gestionó la crisis del ébola con la misma diligencia que explicó cómo había llegado un Jaguar a su garaje. En el PSOE dejó paso Rubalcaba, que en sus últimos meses dio muestra de agotamiento e incapacidad. Cayo Lara en IU y Cándido Méndez en UGT, tras 20 años ocupando la Secretaría General, también decidieron renunciar.

Estados Unidos dio el primer paso para acabar con el bloqueo al que ha tenido sometida a Cuba desde octubre de 1960. Y Cataluña pidió la independencia.

Después hay cosas que no han cambiado, como todas las promesas que vamos a hacer a partir de esta noche a sabiendas de que las vamos a incumplir. Aún así, ¡Feliz 2015!

Publicado en La Nueva Crónica el 31 de diciembre de 2014. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

500 mejor que 0

Con el tono que requiere hacer una afirmación semejante: misericordioso, condescendiente y sin ponerse ni “colorao”, que para eso es un empresario de postín, con sobrada preparación y demostrado éxito. Aseveró José Luis Bonet, presidente de Freixenet y de la Cámara de Comercio de España: “más vale cobrar 500 € al mes que 0”.

Esa fue su respuesta cuando le preguntaron sobre la precarización del empleo en España, todo ello después de que asegurara que “estamos con la recuperación iniciada”. Ya quería yo ver a este señor con 500 € al mes para alimentar a sus 12 hijos, además de tener que pagar las correspondientes facturas de luz, agua y calefacción. Dejando al margen otro tipo de gastos “superfluos” como la ropa, el alquiler o la hipoteca. Del coche y sus gastos derivados, así como del teléfono, ni hablamos.

Dice “no entender de política” cuando le preguntan sobre la gestión que está llevando a cabo el Ejecutivo sobre Cataluña. Aunque acierta a “poner un notable alto al gobierno en economía”.

Imagino que será lo mismo que piensen las empresas del Ibex, que cerraron 2013 con un beneficio conjunto de 17.770 millones. En las antípodas de esa reflexión estarán las más de 400 mil familias desahuciadas desde el inicio de la crisis. En el mismo lugar se sitúan los datos, que hablan de un aumento en los desahucios del 7,3 % interanual en el tercer trimestre de este año.

Tampoco se puso “colorao” Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, cuando, para justificar la no apertura de los comedores escolares por Navidad, dijo que “el principal riesgo que tienen los niños en Madrid es la obesidad, no la malnutrición”. La desvergüenza es casi tan peligrosa como la ignorancia, pero más despreciable. Porque no se concibe que alguien con su “preparación” no sepa que un niño obeso puede estar malnutrido porque su familia no tiene los medios para proporcionarle una alimentación equilibrada y saludable. En fin…

Ahora, con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, voy a tener a que andar con cuidado, cualquier día le envían una orden al gobierno portugués para que me extraditen.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 17 de diciembre de 2014

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Con su ausencia por costumbre

Pasa rápido el tiempo, demasiado a prisa, de modo inexorable. Sin esperar por nada ni por nadie. Tan raudo que, cuando uno echa la vista atrás, parece imposible que hayan transcurrido 25 años.
 
Esos, casi tantos como los que él tenía cuando murió, son los diciembres que llevamos sin Fernando Martín. Tal día como hoy, en un frío domingo de 1989, encontró la muerte en la M-30 el jugador que cambió el rumbo del baloncesto español.
 
Había estado lloviendo hasta el mediodía. Apoltronado en el sillón del salón veía aquel magnífico programa de Constantino Romero llamado “El tiempo es oro”. Mi padre, con los huesos empapados por la humedad y la expresión descompuesta, regresaba de coger setas.
 
Me miró, tragó saliva y me dio la noticia. La radio aún no lo confirmaba, había dudas, aunque cada vez menos. Se sabía que era un jugador del Real Madrid de baloncesto. La tensión por averiguar de quién se trataba iba en aumento. Llegaban a cuenta gotas al pabellón para disputar el partido que aquella tarde tenían contra el CAI de Zaragoza.
 
Únicamente quedaban dos por aparecer, ambos estaban lesionados, eran Quique Villalobos y Fernando Martín. Finalmente, se confirmó la muerte de este último.
 
Lloré, y mucho. Como lo he hecho después en mí vida, pero no hasta entonces. Como lo hicieron muchos chavales de mi generación. Quizás porque soñábamos ser como él. Con él nació el primer y único ídolo que muchos hemos tenido en la vida.
 
Porque Martín era un tipo especial, un deportista hecho de otra pasta. Alguien que parecía invencible, todo carácter, un ganador, un pionero. Quién no retiene en la memoria aquel gancho en suspensión, su tiro a cinco metros, sus poderosos rebotes, su carrera en el contraataque como si fuera un tren de mercancías, incluso, su capacidad para el pase.
 
Hoy, cuando se cumplen 25 años de su desaparición, somos muchos los que nos acordamos de él. Seguimos siendo legión los que hubiéramos deseado verle muchos años más sobre una cancha de baloncesto. El tiempo olvida las ausencias, hasta las de los más grandes. Aún así, los recuerdos que nos dejó Fernando Martín permanecerán imborrables.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 3 de diciembre de 2014