miércoles, 3 de septiembre de 2014

La vida en una maleta



Al hacer la maleta, no recordaba la extraña sensación de no olvidarme nada y dejarlo casi todo. Es lo que sucede al irte por un tiempo. Sacas la ropa de los armarios por montones, casi la agarras a puñados, sin pensar, poco importa. Va a hacer frío, también calor, aunque menos. Lloverá, haré deporte, vestiré informal, en otras ocasiones no tanto. Vas echando y echando. Como un autómata.

Por el contrario, dejo atrás mucho de lo que quiero y me importa. A mi mujer, a mi familia y amigos, las calles de mi ciudad por las que tanto me gusta perderme. Esas pachangas de los martes y esas cañas de los jueves. Ese sentimiento leonés del que tanto hacemos gala; del que renegamos siendo jóvenes y al que regresamos pasados los años. Cosas que te proporciona haber andado por el mundo adelante, que diría uno que yo sé.

En las maletas hay de todo, varias camisas, unos cuantos polos, mucha ropa de deporte, todos los gayumbos y calcetines que había en la cómoda, zapatos...vamos, de todo menos un peine. 

Una vida entera, con la experiencia acumulada a lo largo de los años pero con la misma ilusión que el primer día. Es el peso de los sueños. Portugal, allá voy.

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