lunes, 22 de septiembre de 2014

Historias del abuelo cebolleta


Ya son casi tres semanas aquí, el tiempo ha transcurrido rápido, han sido varios los motivos. He hecho un par de incursiones fronterizas que terminaron por llevarme a casa y todo lo nuevo te mantiene expectante. Además, aunque es por casi todos sabido, los portugueses y españoles somos bastante parecidos.

He tenido un buen recibimiento, Portugal me ha demostrado esa amabilidad y educación que ya había advertido en todas las ocasiones que pisé suelo luso.

Oliveira do Hospital es una población pequeña, aunque no más que otras en las que he estado. El destino siempre ha querido, hasta el momento, que mi vida profesional transcurra en lugares tranquilos, lejos del barullo y estrés de las grandes ciudades. Al fin y al cabo, poco importa. Cuando un entrenador llega sin familia a un lugar, casi prefiere que haya poco que hacer más allá del baloncesto. De ese modo dejamos que aflore ese carácter enfermizo que nos caracteriza. Y así pasamos los días, de casa al pabellón y del pabellón a casa. Como dice mi amigo Sergi Grimau, no puede haber nada peor para un jugador que un entrenador aburrido.

El pueblo transmite paz, es un lugar con encanto, armónico, con calles empedradas y limpias. Con casas de dos plantas que se mezclan con algún edificio de varias alturas. Se sitúa a 30 kilómetros de la Sierra de Estrela, la única estación de esquí que hay en el país. No hace otra cosa que llover, estamos pasando el final del verano pensando que hace semanas que ha entrado el otoño.

El entorno es bonito; eucaliptos, pinares, montañas y ríos. Naturaleza a borbotones, clorofila y oxígeno sin restricciones. Decenas de rutas para caminar o andar en bicicleta.

Aún nos queda un base portugués para completar la plantilla y el cometido se está convirtiendo en imposible. Un suplicio, en ocasiones desesperante.

El equipo entrena bien, es gente joven con ganas de aprender y seguir mejorando, esas son cosas de agradecer. El sábado jugamos nuestro primer partido de pretemporada, ganamos 103-57, fue contra un equipo de Coimbra que juega dos categorías por debajo. A pesar de la abultada victoria, hay mucha faena por delante.

Percibo que me voy haciendo un abuelo cebolleta, no hay día que no le cuente a Abraham, mi joven briviescano ayudante, alguna historia. El se ríe y yo disfruto contándolas, ese es el primer síntoma del cebolletismo. El definitivo será cuando comience a repetírselas. Aquí no habrá vuelta atrás, será un camino de no retorno. ¡Menudo desastre!

A partir de este sábado empieza una pequeña locura de partidos, cinco en siete días. Lo único que le pido a la temporada es que nos respeten las lesiones, lo demás ya lo pondremos nosotros.

 

2 comentarios:

  1. Jorge Hernaiz (Burgos)22 de septiembre de 2014, 22:48

    Al final has puesto un burgales en tu vida?? jajaja
    Suena bonito, buena descripción del escenario, apetecible y propicia al trabajo. Esa parte se que la pnes tu de tu cuenta así que espero que todo vaya por su cauce.

    Um abraço treinador!!

    ResponderEliminar
  2. Es un gran comienzo de rutina y de temporada. La cosa va a ir de fábula, y aquí estaremos ansiosos para comprobarlo. Mucha mierda artista!

    ResponderEliminar