viernes, 18 de julio de 2014

La vida de los otros



Dice Mascherano en la película sobre Messi: “¡Qué lindo sería ser cinco segundos él!”. Imagino que para sentir por un momento cómo es posible conducir el balón de ese modo, pegado al pie mientras sorteas rivales sin que ninguno de ellos sea capaz de quitártelo. Otro, quizás, tuviera una motivación diferente. Probablemente la de disponer de su fama y dinero durante un tiempo determinado, digamos un día. 

Sin duda, es una brillante idea. Haber podido ser Michael Jordan en alguno de sus innumerables vuelos y continuar suspendido en el aire mientras ves cómo el resto ya hace tiempo que tocó el suelo. Eso, o meter una de las muchas canastas que le hicieron el mejor de todos los tiempos.  

Puestos a pedir, ser Mick Jagger a sus 70 años sobre el escenario del Bernabéu desprendiendo energía siendo ya bisabuelo. O Neil Amstrong cuando pisó la luna y el mundo entero, desde abajo, intentaba distinguir su figura. Tampoco hubiese estado mal haber sido, por un rato, Isaac Newton mientras descubría la ley de la gravitación universal. 

O Usain Bolt corriendo de ese modo tan insultante, desafiando al viento.  O disponer de la capacidad de Gabriel García Márquez para relatar y la de Pablo Neruda para expresar. Solamente durante uno de sus inspirados días. Como uno de los de Picasso, Dalí o Velázquez. Volcar sobre un lienzo en blanco tan enorme talento. O Miguel Ángel el día que culminó alguna de sus obras escultóricas. 

Seguramente durante menos tiempo, por aquello de que gusta más disfrutar que sufrir, estar en la cabeza de una persona bipolar, paranoica, esquizofrénica, psicopática o depresiva. Para tratar de comprender más y juzgar menos, que mira que nos gusta.

Hubiera sido sumamente desagradable, pero no menos necesario, ser un rato Hitler, Stalin o Mao ZeDong y averiguar quién cojones les hablaba allí dentro para poder “justificar” todas las atrocidades que cometieron.

Afortunadamente, únicamente podemos vivir la vida de quien nos ha tocado ser, y ya es más que suficiente. Qué suerte tiene el jodío de George Clooney, o eso parece.

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