jueves, 12 de junio de 2014

Fulanito, la calle y el patio



Asomadas a las ventanas de sus respectivas casas, iban gritando una madre tras otra, a veces al mismo tiempo: “Fulanito, sube a casa, que ya es la hora de cenar”. La tarde ya había vencido y era momento de recogerse.

Rara vez, el Fulanito de turno, respondía a la llamada a las primeras de cambio. Entonces, la madre correspondiente, entraba en casa esperando mejor oportunidad pasados unos minutos. Lo más probable es que su hijo estuviera por ahí preparando la última trastada del día. Chiquilladas sin importancia.

Fulanito iba solo al colegio, regresaba justo para comer después de haber jugado un buen rato y volvía a la calle o al patio antes de que alguien le quitara el sitio. Valía una pelota de tenis pelada como balón y un par de jerséis como porterías. Más de un gato huyó despavorido de los bajos de algún coche al ver llegar corriendo al chaval de las rodilleras.

Llegaban los fines de semana, plagados de partidos, y allí iba Fulanito. En ocasiones acompañado por sus padres, pero la mayoría de las veces solo. Había quedado en la esquina con Menganito y Zutanito, ya era suficiente compañía. Las mañanas se estiraban hasta casi llegar a romperlas. Y cuando no había partidos allí estaba el patio, él nunca fallaba. Siempre proporcionaba compañía. 

Ahora los patios están cerrados como si fueran cárceles, dicen que las calles llenas de peligros y Fulanito no va solo ni al baño.

3 comentarios:

  1. Y además ese patio de la foto bien merece seguir abierto por su tradición. Sobre protección y atontamiento con la consola en casa en lugar de dando patadas a pelota de tenis, hecha con trapos o una caja de cartón si hace falta.

    Gracias por recordarlo Félix.

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  2. Que buenos recuerdos trae ese patio! !!! Daba igual el frio de los inviernos de Leon que el calor. .. siempre se escuchaba un balon de baloncesto. ...y alguna voz de Paramio!! Una gran época! !

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