domingo, 16 de marzo de 2014

Que los niños sean niños



No es asunto para andar con preámbulos ni retórica. Ayer, un padre agredió en León al árbitro de un partido de fútbol disputado entre niños de 6 y 7 años. 

Tan miserable, lamentable y repudiable suceso puede ser un “buen” punto de partida para evaluar la causa efecto entre el deporte profesional y el escolar. 

Hace tiempo que no me acerco a una cancha de baloncesto para ver un partido de alevines o infantiles, casi tanto como el que dejé de entrenar en esas categorías hastiado, en gran medida, de las cosas que veía y oía por parte de algunos padres y entrenadores. Sólo una vez he presenciado durante unos minutos un partido de fútbol de categorías inferiores, me bastó para tomar la decisión de no intentarlo de nuevo. 

Siempre he creído que el deporte escolar debe ser un elemento educador, de integración. Una actividad que permita que los niños se socialicen e interioricen valores como el trabajo en equipo, el respeto, la disciplina, el esfuerzo o el poder de superación. Que aprendan a entender que la derrota forma parte del juego y de su proceso de mejora, lo cual les llevará a evitar la frustración. 

Pero un niño será incapaz de saber que eso debe ser así si no existen personas que se lo transmitan de ese modo. Si en lugar de oír cómo se premia su esfuerzo al margen de cuál sea el resultado únicamente escucha reproches, exigencias desproporcionadas o menosprecios. 

Y aquí es donde aparecen los efectos del deporte profesional. Cuando los padres quieren que su hijo sea como Cristiano, Messi o Gasol. Cuando los entrenadores creemos que estamos dirigiendo a jugadores profesionales cuando sólo son niños a los que deberíamos estar formando. 

Y es ahí cuando la enorme repercusión mediática lo intoxica y desproporciona todo. Es ahí cuando perdemos el contacto con la realidad. Es ahí cuando convertimos la inocencia en algo perverso. Ese es el momento en el que les cargamos con un peso que no les corresponde y los empujamos al fracaso. 

Dejamos a los niños que sean niños, y asumamos los padres y entrenadores lo que hemos llegado a ser.

2 comentarios:

  1. Creo que mejor no se puede decir

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  2. La mejor definicion de la vida en el deporte

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