jueves, 30 de enero de 2014

2.826.549

2.826.549, dilo en voz alta, a ver cómo te suena. Es una cifra, sin más; pero dependiendo de lo que esconda detrás tiene un significado u otro. A mí me da asco, me repugna, me acerca al vómito y, sobre todo, me avergüenza profundamente.

2.826.549 es el número de niñas y niños que están en riesgo de pobreza y de exclusión social en nuestro país. Tras ese número se esconden historias dramáticas, vidas que ni tan siquiera soy capaz de imaginar. Pequeñas personas con nombre y apellido que, en muchos casos, comen una vez al día y pasan frío en sus casas. Desnutridos, con problemas de salud e inadaptados. Niñas y niños que deben ser el futuro de este país y a los que les estamos robando el presente.

2.826.549 niñas y niños, el 33,8%, uno de cada tres menores. Este es el país en el que vivimos y la sociedad que estamos creando. El sistema por encima de las personas, como si el sistema lo dirigieran unos marcianos, tiene cojones el asunto.

Seguramente esos niños estén padeciendo los excesos de sus padres, es lo que tiene vivir por encima de tus posibilidades, tarde o temprano lo terminas pagando. Y tus vástagos contigo.

Lo realmente importante es que el sistema no quiebre. Dar 400 millones de euros de fondos públicos a Unicaja para que compre Caja España o los 41.300 millones que finalmente ha usado el Gobierno para rescatar a la banca y estamos pagando entre todos. Las ganancias se dividen entre los miembros del consejo de administración y las pérdidas se socializan. Así es liberal cualquiera.

Menuda mierda de sistema, si se ayuda a los que menos tienen es caridad, no se fomenta la cultura del esfuerzo y es una contribución al acomodo y la vagancia. Por el contrario, si se rescata a la banca es ingeniería financiera. Paradojas de la doble moral.

Luego viene Floriano y nos cuenta que salimos de la crisis “gracias al esfuerzo de los que más tienen”. No existe una gran diferencia entre decir esto y que te insulten.


Después me dirá mi amigo el del burladero que soy un demagogo. Quizás me haga nihilista, como él, o quizás un día agarre el petate y me vaya lejos, lo más posible. A ver si fuera capaz de encontrar, entre tanta basura, un rayo de esperanza. 

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