miércoles, 31 de diciembre de 2014

Las disyuntivas de la vida



La vida es una permanente disyuntiva, nos obliga a elegir con frecuencia, a tomar decisiones que marcan nuestro futuro. Y eso es lo que me ha ocurrido en estos días. 

Empecé la temporada cargado de ilusión, tras cuatro años sin entrenar, Sampaense Basket me daba la oportunidad de volver a sentirme entrenador. Me ofrecía la ocasión de regresar a esa vida que tanto echaba de menos aunque con frecuencia me negara a admitirlo.

Ha sido poco tiempo, pero cuatro meses pueden dar para mucho. Una nueva liga, un nuevo país, otro idioma, personas por conocer y las sensaciones de siempre. Cuatros meses intensos, llenos de agradecimiento. 

A Pedro Veloso, presidente del club, eso tipo de personas que me gustan: inteligente, honesto, sincero, de los que siempre te miran a los ojos cuando te habla, con un corazón que no le cabe en el pecho. Como Hugo Duarte, qué hubiera sido de mi sin él durante este tiempo. Siempre al quite, constantemente alerta ante cualquier necesidad. Volcado en hacerme sentir que aquella siempre había sido mi casa. O Vitor, tan testarudo como noble y buena gente. 

A mis jugadores, que confiaron en seguirme y por los que dudé hasta el último momento en aceptar este nuevo reto. Porque dejarles me parecía una traición, no terminar el camino que empezamos juntos. Pero de nuevo aparece la vida para empujarte, para obligarte a tomar una decisión. Otra vez esa cruel sensación de sentimientos encontrados. Feliz por la oportunidad, triste por lo que dejas atrás. 

Sé que quedan en buenas manos, en las mejores posibles, y eso ha sido fundamental en mi decisión. Raúl Jiménez sabrá sacar lo mejor de ellos, le sobran conocimiento y ganas. Amigo, gracias por este mes. Me ha servido para terminar de descubrirte, te voy a echar de menos. 

Por último, muchas gracias a Ovarense por pensar en mi. Me voy a uno de los grandes del país, espero estar a la altura. 

Será jodido, jugaré con dos equipos en cada jornada. Menos en una de ellas, claro está.

Esto se acaba

Hoy es el último día de un 2014 que ha dado para mucho, como casi todos. Languidece un año que algunos se atreven a tildar como el del final de la crisis, como el del inicio de la recuperación económica. Termina un año que, como les sucede a todos los anteriores en un día como hoy, nos resulta viejo, cansado, marchito.

Pasaron muchas cosas en tantos días, algunas buenas, aunque seguramente en menor número que las malas. Otras resultaron históricas. Ahí van algunas, con temor a dejarme algo en el tintero por falta de memoria y espacio.

Siempre se va gente insigne, brillante, poderosa o con calado histórico. Murió Gabriel García Márquez, sumiendo de tristeza a Macondo y al resto del planeta. Nos dejó prematuramente Robin Williams, pero no los personajes que nos hicieron reír y soñar. Falleció Adolfo Suárez, figura clave durante la transición española. Ilustres de la música como Paco de Lucía y Peret. Tres leyendas del fútbol: Luis Aragonés, Alfredo Di Stefano y Eusebio. O magnates como Emilio Botín e Isidoro Álvarez.

Abdicó el Rey Juan Carlos, abocado a un final que no permitía otra salida. Le sucedió su hijo Felipe, que parece decidido a dar un giro a la institución en el fondo y en la formas. Siguiendo con la Casa Real, la Infanta Cristina será juzgada como cooperadora necesaria en los delitos fiscales de su marido.

En política, dimitió Ruiz-Gallardón tras retirar el Gobierno la reforma de la ley del aborto. También se fue Ana Mato, que gestionó la crisis del ébola con la misma diligencia que explicó cómo había llegado un Jaguar a su garaje. En el PSOE dejó paso Rubalcaba, que en sus últimos meses dio muestra de agotamiento e incapacidad. Cayo Lara en IU y Cándido Méndez en UGT, tras 20 años ocupando la Secretaría General, también decidieron renunciar.

Estados Unidos dio el primer paso para acabar con el bloqueo al que ha tenido sometida a Cuba desde octubre de 1960. Y Cataluña pidió la independencia.

Después hay cosas que no han cambiado, como todas las promesas que vamos a hacer a partir de esta noche a sabiendas de que las vamos a incumplir. Aún así, ¡Feliz 2015!

Publicado en La Nueva Crónica el 31 de diciembre de 2014. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

500 mejor que 0

Con el tono que requiere hacer una afirmación semejante: misericordioso, condescendiente y sin ponerse ni “colorao”, que para eso es un empresario de postín, con sobrada preparación y demostrado éxito. Aseveró José Luis Bonet, presidente de Freixenet y de la Cámara de Comercio de España: “más vale cobrar 500 € al mes que 0”.

Esa fue su respuesta cuando le preguntaron sobre la precarización del empleo en España, todo ello después de que asegurara que “estamos con la recuperación iniciada”. Ya quería yo ver a este señor con 500 € al mes para alimentar a sus 12 hijos, además de tener que pagar las correspondientes facturas de luz, agua y calefacción. Dejando al margen otro tipo de gastos “superfluos” como la ropa, el alquiler o la hipoteca. Del coche y sus gastos derivados, así como del teléfono, ni hablamos.

Dice “no entender de política” cuando le preguntan sobre la gestión que está llevando a cabo el Ejecutivo sobre Cataluña. Aunque acierta a “poner un notable alto al gobierno en economía”.

Imagino que será lo mismo que piensen las empresas del Ibex, que cerraron 2013 con un beneficio conjunto de 17.770 millones. En las antípodas de esa reflexión estarán las más de 400 mil familias desahuciadas desde el inicio de la crisis. En el mismo lugar se sitúan los datos, que hablan de un aumento en los desahucios del 7,3 % interanual en el tercer trimestre de este año.

Tampoco se puso “colorao” Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, cuando, para justificar la no apertura de los comedores escolares por Navidad, dijo que “el principal riesgo que tienen los niños en Madrid es la obesidad, no la malnutrición”. La desvergüenza es casi tan peligrosa como la ignorancia, pero más despreciable. Porque no se concibe que alguien con su “preparación” no sepa que un niño obeso puede estar malnutrido porque su familia no tiene los medios para proporcionarle una alimentación equilibrada y saludable. En fin…

Ahora, con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, voy a tener a que andar con cuidado, cualquier día le envían una orden al gobierno portugués para que me extraditen.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 17 de diciembre de 2014

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Con su ausencia por costumbre

Pasa rápido el tiempo, demasiado a prisa, de modo inexorable. Sin esperar por nada ni por nadie. Tan raudo que, cuando uno echa la vista atrás, parece imposible que hayan transcurrido 25 años.
 
Esos, casi tantos como los que él tenía cuando murió, son los diciembres que llevamos sin Fernando Martín. Tal día como hoy, en un frío domingo de 1989, encontró la muerte en la M-30 el jugador que cambió el rumbo del baloncesto español.
 
Había estado lloviendo hasta el mediodía. Apoltronado en el sillón del salón veía aquel magnífico programa de Constantino Romero llamado “El tiempo es oro”. Mi padre, con los huesos empapados por la humedad y la expresión descompuesta, regresaba de coger setas.
 
Me miró, tragó saliva y me dio la noticia. La radio aún no lo confirmaba, había dudas, aunque cada vez menos. Se sabía que era un jugador del Real Madrid de baloncesto. La tensión por averiguar de quién se trataba iba en aumento. Llegaban a cuenta gotas al pabellón para disputar el partido que aquella tarde tenían contra el CAI de Zaragoza.
 
Únicamente quedaban dos por aparecer, ambos estaban lesionados, eran Quique Villalobos y Fernando Martín. Finalmente, se confirmó la muerte de este último.
 
Lloré, y mucho. Como lo he hecho después en mí vida, pero no hasta entonces. Como lo hicieron muchos chavales de mi generación. Quizás porque soñábamos ser como él. Con él nació el primer y único ídolo que muchos hemos tenido en la vida.
 
Porque Martín era un tipo especial, un deportista hecho de otra pasta. Alguien que parecía invencible, todo carácter, un ganador, un pionero. Quién no retiene en la memoria aquel gancho en suspensión, su tiro a cinco metros, sus poderosos rebotes, su carrera en el contraataque como si fuera un tren de mercancías, incluso, su capacidad para el pase.
 
Hoy, cuando se cumplen 25 años de su desaparición, somos muchos los que nos acordamos de él. Seguimos siendo legión los que hubiéramos deseado verle muchos años más sobre una cancha de baloncesto. El tiempo olvida las ausencias, hasta las de los más grandes. Aún así, los recuerdos que nos dejó Fernando Martín permanecerán imborrables.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 3 de diciembre de 2014

martes, 25 de noviembre de 2014

La victoria y la derrota

Recuerdo, perfectamente, cómo me sentía de pequeño cada vez que mi padre me ganaba a las damas. Nacía una rabia en mi interior imposible de controlar, le agradecía que no fuera condescendiente conmigo tanto como le odiaba por haberme humillado. Nunca aprendí a perder, y la última vez siempre me dolía más que la anterior.
 
La derrota es la circunstancia que peor me hace sentir conmigo mismo. Siento una furia que, afortunadamente, he aprendido a dominar, a convivir con ella. A veces, casi a ignorarla.
 
Mi cerebro genera un compartimento estanco que consigue arrinconar por momentos tanta cólera. Hasta que un resorte me lleva a recordar un suceso del partido y desencadena una procesión de imágenes que se agolpan desordenadas hasta que van tomando forma. Respiro, cuento, pienso e intento convertir todo lo nocivo en algo positivo.
 
Por el contrario, la victoria me deja vacío. Como si perdiera toda la energía que me ha llevado hasta ella. Como si el peso de mi cuerpo quedara suspendido en un espacio ausente de gravedad. Es una sensación sumamente placentera, difícil de explicar. Completamente alejada de la euforia, es un sentimiento cercano a una paz interior.
 
La derrota siempre es cruel; no hay nada dulce en ella. Pero bien digerida, tras unas horas de sosiego, resulta mucho más instructiva. Menos traicionera. La derrota no camufla los defectos que la victoria no muestra. Te obliga a la autocrítica, a la reflexión.
 
La victoria invita a pasar por alto detalles que, en un futuro, pueden resultar transcendentales. La derrota te obliga a aprender; la victoria, con frecuencia, te instala en la autocomplacencia. La derrota apremia a elevar el listón de la exigencia, cosa que la victoria no hace por sí misma.
 
Ahora bien, la derrota frustra tanto como motiva la victoria. Hace dudar, perder la confianza en uno mismo y en los demás. Bloquea la mente y paraliza el cuerpo.
 
Por eso, aquellos que se levantan de una derrota, aprenden y construyen a partir de ella, luchan con más ahínco en la siguiente ocasión y jamás se dan por vencidos. Llegarán tan lejos como esos a los que la victoria no les ciega y acomoda.
 
Porque, al fin y al cabo, la vida no son las cosas que nos suceden, sino cómo reaccionamos ante ellas.

jueves, 20 de noviembre de 2014

#NoPayNoCoach


Hace unas semanas no salía de mi asombro, aquí, en Portugal, la convalidación de mi título de Entrenador Superior de baloncesto, soy tan mayor que lo saqué cuando aún se llamaba así, supuso un auténtico quebradero de cabeza.
No bastó con el título y una comprobación de federación a federación, tuvo que pasar por lo que en España sería el Consejo Superior de Deportes. Me requirieron, dentro de la Unión Europea, el pasaporte. Además de un número de contribuyente portugués, con los trámites burocráticos que ello conlleva. Al final, después de seis semanas, tuve la convalidación. Si bien dirigí el primer partido de liga con una autorización provisional que llegó in extremis.
Ayer, mi asombro por lo que me pasó aquí se convirtió en indignación al ver lo que les pasa a los entrenadores de baloncesto catalanes. El Departament d'Ensenyament de la Generalitat de Catalunya exige que todos los títulos tramitados entre 1999 y 2014 deben regularizarse para acceder al 'Título de Técnico Deportivo de Bàsquet'.
Por lo que, a partir del 1 de enero, todos aquellos títulos obtenidos en ese periodo no tendrán validez alguna; a menos que se sometan a un carrusel de clases, pruebas y entrevistas. Todo, antes de pasar por caja, obviamente.
Quiere esto decir que esos títulos desaparecen porque a alguna “mente pensante” se le ocurrió un buen día tan “brillante” idea. Significa esto que los títulos expedidos por la Federación son papel mojado, que no valen nada. Y que el dinero y el tiempo invertido por estos entrenadores son arrojados por el desagüe.
Ponen en cuestión su preparación, su dedicación, las horas de patio y de viajes. Además de jugar con todo lo anterior, lo hacen con su esfuerzo e ilusión. Personas que le restan tiempo a sus familias con el único objetivo de hacer lo que más les gusta. Enseñar baloncesto y educar a través de él.
Entrenadores que se han formado y estudiado para ello. A los que nadie les regaló el título. Ahora, habría que decirles a los ideólogos que sus títulos, si es que los tienen, tampoco valen, aunque a juzgar por la decisión tomada debieron comprarlos.
Parece evidente que tras esta resolución subyace un espurio interés recaudatorio, el cual resulta vergonzoso, indecente e injusto. Y ante la injusticia sólo existe el camino de la insumisión. Si los tipos del traje y corbata quieren baloncesto bajo estas condiciones, habría que decirles que se vistan de corto y bajen ellos a la cancha.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Sin presunción de inocencia

No hay día sin sobresalto, se agolpan los escándalos uno encima de otro; sin respiro. Aún nos estamos poniendo al día de uno cuando se destapa el posterior. Lo de hoy ya es pasado. A la UCO, a los jueces, o a quienes quiera que sean los que ponen los nombres a tanta operación contra la corrupción se les van a terminar las ideas. De locos.
 
Bien está que se persiga a todos y cada uno de los chorizos que han metido la mano en la caja sin el más mínimo pudor y recato. Sin concesiones con ellos, que devuelvan lo afanado y que cumplan las penas de manera íntegra.
 
Ahora bien, el país está corrompido y podrido de tal modo que corremos el grave peligro de meter a todos en el mismo cesto. Si no lo hemos hecho ya.
 
Estamos a un minuto de acabar con la presunción de inocencia. A mí me cuesta horrores creerme a cualquiera de los políticos que salen a diario portando la bandera de la transparencia. Ya no le concedo el beneficio de la duda a ningún adalid del movimiento anticorrupción. No le compro el argumento a nadie, por más que ponga a su familia por delante.
 
Y como yo, así andamos la mayoría, por no decir todos. Tan triste como peligroso, es tal el descrédito que ahora cualquier político resulta culpable hasta que se demuestre lo contrario. Para más inri, muchos se empecinan en seguir negando la mayor por más que les hayan pillado con el carrito del helado, queriendo hacernos pasar por lo que parece que éramos hasta que la cruda realidad nos obligó a dejar de serlo.
 
Necesitamos invertir en educación para conseguir una regeneración democrática. Seguramente si tuviéramos una conciencia social adecuada ahora no estaríamos metidos en este lío. Y eso únicamente se lograría a través de un proceso pedagógico que nos llevaría años ejecutar.
 
Porque, nos guste o no, la política es elemental en nuestras vidas. Rige cada uno de los pasos que damos, hasta el más insignificante. En la vida, todo es política. Y, más allá de la ideología de cada uno, la sociedad necesita de políticos íntegros y con clara vocación ciudadana. Personas que lleguen a servir, no a servirse. No va a estar fácil.
 
Publicado en La Nueva Crónica de León el 19 de noviembre de 2014.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Que siga la fiesta

El mundo va realmente bien, pero sólo para los de siempre. Los demás lo vamos llevando como buenamente podemos y hay otros muchos que ni tan siquiera van pudiendo por más que quieran.
 
Un reciente estudio de Caritas, tratado de censurar por parte del gobierno, como aseguran fuentes cercanas a la Conferencia Episcopal, destaca que el 25 % de los españoles se encuentran en situación de exclusión social debido a los efectos de la crisis. Ese porcentaje supone un total de 11.746.000 personas, de ellas, 5 millones se encuentran en exclusión severa. 
 
Ese mismo informe apunta que un 50 % de los hogares españoles están afectados “simultáneamente” por problemas de privación material y de pobreza infantil. Especialmente alarmante resulta saber que únicamente el 34,3 % de los españoles está considerado en situación social de integración plena.
 
Unicef alertaba en su informe “Los niños de la recesión”, que 76,5 millones de niños viven por debajo del umbral de la pobreza dentro de los 41 países más ricos de la OCDE y la Unión Europea. España ha sufrido un incremento de 8,1 puntos en cuatro años, siendo 2,7 millones de niños (36,3 %) los que están en situación precaria.
 
Por otro lado, los ricos se han hecho más ricos durante la crisis. Como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia. Ahí van unas cuantas cifras que acongojan. Las 85 personas más ricas del mundo aumentaron su fortuna en un 14 %, lo que supone un beneficio conjunto de 668 millones de dólares diarios o casi medio millón por minuto.
 
El número de milmillonarios en el mundo durante la crisis ha pasado de 793 en 2008 a 1.645 en 2014. Solo en África Subsahariana hay 16 personas cuya fortuna está cuantificada en miles de millones mientras conviven con 358 millones de personas en pobreza extrema.
 
En cuanto a España, las 20 personas más ricas tienen tanto como el 20 % más pobre (14 millones de personas). En el nivel más alto, el 1 % de los más ricos tiene tanto como el 70 % de los españoles. Y tan solo 3 personas acumulan una riqueza que duplica sobradamente la del 20 % más pobre de la población.
 
Nada, que siga la fiesta.
 
Publicado en La Nueva Crónica el 5 de noviembre de 2014

miércoles, 29 de octubre de 2014

El oficio de entrenador

Solemos ser maniáticos, perfeccionistas e inconformistas. Tenemos tendencia a complicar el juego. Nos cuesta relajarnos porque sabemos lo que viene detrás, 10 0 12 tipos que se ponen a rebufo buscando la más mínima excusa. Dibujamos bloqueos imaginarios en nuestra mente, tratamos de pensar en mañana antes de que empiece el día de hoy.

Creemos tener un sexto sentido que no siempre acierta, le damos mucho valor a las sensaciones, casi siempre nos ponemos en lo peor y somos un poco llorones. Nos envidiamos y admiramos entre nosotros a partes iguales. En ocasiones creemos que cosimos el primer balón, somos vanidosos y nos cuesta admitir los errores que les reprochamos a nuestros jugadores.

La profesión te hace desconfiado o quizás sea la experiencia, los palos en las ruedas y las hostias recibidas. Estamos colgados permanentemente de un alambre. Nos falta tiempo para coger el coche en busca de un lugar donde haya dos canastas, 10 tipos y un balón de por medio.

Las semanas son más cortas de lo que deberían, siempre nos falta tiempo para pulir algún detalle. Sonreímos lo justo, como si nos fueran a saltar los puntos después de una operación de apendicitis.

Cada temporada agarramos la maleta y lo dejamos casi todo atrás. Algunos se llevan a la familia, de aquí para allá; otros la dejamos en casa. Pagamos un alto peaje en nuestras relaciones de pareja, familiares o de amistad. Jodidos por ello, a mi hay veces que me gustaría que la capacidad de querer me fuera ajena, pero satisfechos por hacer lo que más nos gusta.

Cuando la temporada empieza y nadie se acordó de alguno de nosotros nos sentimos como animales enjaulados; esperando el tropiezo de algún colega para ver si tenemos la suerte de que sea nuestro teléfono el que suene. Asquerosa ley de vida y de supervivencia.

Sobre nuestra profesión entiende panaderos, dentistas, alicatadores, arquitectos y mi vecino el del quinto. Lo comprobamos cada fin de semana. A veces tragamos más de lo que deberíamos y somos tan buenos o tan malos como nuestro último resultado. Pero no nos rendimos nunca, somos así de tercos.

 

Me niego a pensarlo


Aquí, en Portugal, todos los días me pintan la cara; y eso que son gente educada. Las dos últimas semanas abrimos los informativos del país con el primer caso de Ébola fuera de África. Ayer lo hicimos con la macro redada en diferentes provincias españolas y que se ha llevado por delante a políticos, funcionarios y empresarios. Y porque no se han enterado de lo de Nicolás, que sino el descojono hubiera sido generalizado. Estoy a un paso de llegar un día al entrenamiento y que me pierdan el respeto. 

Mi amigo Andrés se empeña en recordarme que los políticos son como nosotros, o que nosotros no somos tan diferentes a ellos. Que conducimos a 160km/h cuando el límite es de 120, descargamos películas,  pagamos sin IVA en cuanto tenemos oportunidad o nos saltamos los peajes en Portugal. Me dice que deberíamos mirar más hacia nosotros mismos y dejar de dar clases de moralidad y ética a los demás.

Seguro que en alguno de estos cuatro ejemplos tan simples encontramos culpables a buena parte de los españoles, me hallo entre ellos, aunque los peajes los pago. Unos por despecho, otros por falta de conciencia, diferentes motivaciones mismas consecuencias. No le niego la mayor, sería absurdo.

Seremos culpables de lo nuestro y cómplices de lo suyo, seguro. Aunque me niego a pensar que la mayoría de nosotros, llegado el caso, tuviéramos la puta poca vergüenza de robar a manos llenas y encima mofarnos de todos los demás como si fueran gilipollas. Que igual lo somos.

Me niego a pensar que recortando en educación, sanidad o prestaciones sociales porque nos cuentan que no hay para ello pero sí para los bancos, la gran mayoría de los españoles (si estuviésemos en ese lugar), tuviéramos la jeta de abrirnos cuentas en Suiza, tirar de tarjeta opaca o arreglar comisiones con los colegas de prostíbulo.

Me niego a pensar que somos una sociedad tan perversa, podrida y asquerosa. Me niego a pensar que nuestra clase política es el reflejo de lo que somos los españoles que nos ganamos la vida como buenamente podemos. Me niego a pensar que mintiésemos sistemáticamente y que nos la trajera al pairo que CINCO MILLONES de personas sufran exclusión social extrema en España o que únicamente un 34 % viva sin carestías esenciales.

Me niego a pensar que somos tan sumamente egoístas e insolidarios. O que nos falta educación y conciencia social.  Si algún día llego a esa conclusión, Portugal va a quedar muy cerca. Mientras, me resisto a pensarlo.

domingo, 26 de octubre de 2014

La oportunidad de la vida


La vida es bien sencilla, o desmesuradamente complicada y cruel. Puede ser jodidamente implacable desde el primer día que uno llega a este mundo. Las circunstancias influyen brutalmente en el rumbo de las personas, y aunque alguno es capaz de cambiar el libro de su vida, muchos sucumben ante la falta de oportunidades.
Unos metros de distancia cambian el orden de las cosas, menos oportunidades, más pobreza, menos progreso, mayor riesgo de exclusión, menos vida o más miseria. Naces a un lado y tienes oportunidad de conseguirlo casi todo, caes al otro y no tienes opciones de lograr casi nada que no sea desgracia y pena.
 
Porque como dice Alejo Vidal-Quadras: “Por sorprendente que parezca, la opulencia y la extravagancia de una minoría selecta es la condición indispensable para el progreso general”. Ahí, con dos cojones, torero.
 
Que se lo pregunten a los de la foto después de que vieran durante 12 horas, encaramados a la valla, “birdies”, “approachs”, algún que otro “bogey” y un “backspin”. Con esto no digo que los golfistas y sus “caddies”, si es que los llevaban, sean los culpables de que haya personas al otro lado de la valla muriéndose de hambre y privados de esperanza. Que ya veo a alguno agarrando el rábano por las hojas.
 
La foto no es demagogia, como dijo otro. La foto es lo que es, la vida misma, sencillamente. La vida es la oportunidad de tener una oportunidad o el infortunio de la imposibilidad.
 
Que nadie se llame a engaño, no es simple casualidad, a lo largo de la historia, la vida de unos muchos siempre ha estado dirigida por unos pocos. Y así va a seguir siendo.
 
Foto de José Palazón.

viernes, 24 de octubre de 2014

No va más


Acabamos la pretemporada como si estuviéramos a punto de comenzar el verano, 28 grados y un sol de justicia. No hay quién pare más de cinco minutos a la solana o corre riesgo de achicharrarse.
Han sido siete intensas semanas, han servido para coger la forma física, para empezar a conocernos, tanto profesional como personalmente, y para activar todos los automatismos defensivos y ofensivos. No ha sido la pretemporada soñada, puesto que hemos estado con nueve jugadores todos los días a excepción de cuatro entrenamientos. Estamos cerca de convertirnos en el mejor equipo en el 5x0 y en el 4x4. A pesar de ello, hemos aprovechado el tiempo.
 
Me hubiera gustado jugar, al menos, dos partidos más. El balance final ha sido de tres victorias y cuatro derrotas, compitiendo siempre y con opciones reales de ganar en cada encuentro, excepto contra Lusitania, quien nos sacó del campo en el segundo tiempo. Finalmente le dimos una mano de maquillaje para minimizar el descalabro.
 
En líneas generales, el equipo trabaja bien, hay que apretar para evitar que se relajen pero suelen responder. Con lo que más disfruto es viendo cómo recuperan, bendita juventud. Y ahí estamos, siendo el equipo más joven de la liga con 22 años de media. Tendrán que aprender a carreras, no queda otra. El mayor reto de un equipo así es evitar una racha negativa, agarrarse a la competición.
Mañana debutamos en Algés, a 10 kilómetros de Lisboa, donde el Tajo se confunde con el Atlántico. La semana trajo mejores sensaciones en sus primeros días, pero sólo son eso, sensaciones. Ahora toca llevar el trabajo de todo este tiempo al terreno donde los errores no se perdonan.
 
Cuatro años han transcurrido desde mi último partido oficial, no siento nada especial. Quizás porque realmente esto es como andar en bicicleta, probablemente porque el primer día que bajé a la cancha tuve la sensación de haber estado allí el día anterior o seguramente porque es una práctica tan interiorizada como dormir o comer.  
 
En cualquier caso, la sensación que nunca he olvidado es la de perder, y esa no me gusta nada.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Las sopas de ahora


Los tiempos cambian, antes las sopas tenían estrellas, fideos o letras. Resultaban inspiradoras, de niño uno se entretenía viendo flotar tanta estrella en la superficie, aquello parecía el cosmos. Incluso se dejaba volar la imaginación deseando estar en otro lugar, hasta que llegaba tu madre y te apremiaba para que terminases. ¡Qué tiempos aquellos!
Ahora no, las sopas son diferentes, al menos en algunos colegios de León. Tienen estrellitas, sí, pero éstas vienen acompañadas de pequeños gusanos. Cómo ha evolucionado el asunto, los deben poner ahí para que interactúen con los niños; que con tanto móvil, tanta “tablet” y tanta televisión no conocen naturaleza alguna.

Al parecer, a la Federación Leonesa de  Asociaciones de Madres y Padres no les ha parecido nada bien que a la empresa concesionaria del servicio de catering se les hayan caído en la sopa por error. Ante el revuelo montado, la compañía ha salido al paso argumentando que la ingesta “no hubiese producido daño a la salud”.
Al responsable de comunicación de Serunión, que así se llama la innovadora y competente sociedad, debían de haberlo despedido al minuto de haber realizado esas declaraciones, por desinformado. Los citados gusanos reciben el nombre de gorgojos y se utilizan con fines terapéuticos. El Sr. Dieminger fue quien creó este tratamiento, argumentando que son de utilidad para combatir enfermedades como el cáncer, artritis, diabetes, Parkinson, psoriasis o incluso el asma. No hay chanza en ello.

Sobre los efectos que producen al consumirlos y las diferentes formas hay suficiente información en internet, así que, quien tenga interés puede bucear por la red. Yo me voy saltar este paso, que igual usted está leyendo el periódico mientras desayuna.

Queda claro que el problema no fueron los gusanos en sí; sino una mala comunicación por parte de la empresa. Ahora bien, más difícil tuvo que resultar, para la misma compañía, explicar cómo llegó una chuchilla a un menú de un colegio de Mallorca.

Disculpen la ironía, pasan tantas cosas en este país que a veces no queda otro remedio que tomarlo de este modo.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 22 de octubre de 2014.

martes, 21 de octubre de 2014

Hasta siempre, entrenador


Recuerdo perfectamente la última que le vi; fue en marzo de 2013 durante la gala de Gigantes del Basket. Me saludó como lo hacía siempre, amable, cortés y educado, con una sonrisa.
Pasamos un buen rato juntos, en ese momento José María García estaba dando un “speech” de los suyos, contó un par de anécdotas sobre Pedro Ferrándiz, le cambió el nombre de pila a Orenga y divagó un poco más de lo habitual. Junto con Willy Villar y Joaquín Rodríguez nos reímos sin apenas descanso.

Siempre he sentido por José Luis Abós una sincera admiración, llegó a la cima desde abajo, sin que nadie recorriera parte del camino por él. Fue quemando etapas sin pasar por encima de nadie y sin levantar la voz; y cuando tocó el cielo siguió siendo la misma persona normal que le había llevado hasta allí.
Siempre fue cercano y exquisito en el trato. Su mirada era la de una persona honesta e inteligente. Era esa clase de gente con la que me hubiera gustado pasar más tiempo hablando de baloncesto y de la vida. Invitaba a ello.

Consiguió algo que se le niega a muchos, fue profeta en su tierra, en una tan complicada como Zaragoza, donde el baloncesto tiene una enorme tradición y donde su afición es una de las más exigentes y entendidas del país. Esa misma afición pide hoy que el pabellón Príncipe Felipe cambie su nombre por el de José Luis Abós, excelente iniciativa.
Ayer sentí tristeza y rabia. Desde ayer la vida y el baloncesto son un poco peor sin él. Allá donde estés; hasta siempre, entrenador.

martes, 14 de octubre de 2014

Que Dios nos pille confesados


Dice un cartel colocado en el servicio de urgencias del Hospital de Alcorcón: “Yo me toco la cara como Teresa. Si me tocara los cojones sería Consejero de Sanidad”. Es bastante probable que, el Consejero, en el ejercicio de sus competencias se toque con frecuencia sus partes. Aunque, esta vez, lo que ha hecho es tocar los cojones a los demás, especialmente a Teresa Romero y a su familia.
Hoy, después de unos cuantos días se ha dignado a pedir disculpas por carta; puesto que el marido de Teresa no le coge el teléfono ni quiere recibir su visita. Igual le extraña al fulano. La acusó de mentir, de no estar tan mal si había podido ir a la peluquería. Dijo que no hacía falta un máster para ponerse un traje. Pero claro, éste fue el mismo que dijo: “pidiéndole salud a la Virgen le ahorraremos dinero a las arcas públicas”. Retratado el científico.
 
Hay que ser miserable, después de los innumerables recortes que su gobierno ha hecho en Sanidad, después de dos repatriaciones de enfermos de Ébola cuando no se cumplían las medidas mínimas aconsejadas ni se había dado la formación adecuada al personal sanitario. Después de que la Ministra de Sanidad haya hecho una de las peores gestiones que se recuerdan y se haya mostrado como una absoluta incompetente.
Después de que Teresa se enterara por la prensa que estaba infectada con el virus. Después de que el ABC la diera por muerta e incluso llegara a publicar que sería incinerada. Después de que la televisión de Castilla-La Mancha se burlara de ella o después de que el miserable de Jiménez Losantos dijera que: “en el pecado lleva la penitencia”.
 
Todo ello, teniendo en cuenta que Teresa se presentó voluntaria para asistir al misionero infectado.
Para rematar la faena, Javier Rodríguez, el ínclito Consejero,  dijo en una entrevista: "Yo tendré que asumir la responsabilidad y si tengo que dimitir, dimitiría. No tengo ningún apego al cargo, soy médico y tengo la vida resuelta”. Por sus palabras se deduce que, de no tener la vida resuelta ni tan siquiera pensaría en dimitir.
 
Pero claro, después de comprobar cómo fue ovacionado por sus compañeros en la Asamblea de Madrid, está la cosa como para dimitir o para que lo cesen. Pues nada, que Dios nos pille confesados.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Oportunidad o codicia

Jamás, en la historia de la humanidad, se debió disfrutar tanto de un “fallo informático”; benditos eufemismos. Esos que se utilizan para definir las tarjetas que usaban los exdirectivos de Caja Madrid y con las que se gastaron 15,5 millones de euros entre 2003 y 2012.

Podían disponer de hasta 4.000€ al mes sin necesidad de justificarlos. Solo entre 2009 y 2011, los años previos al rescate de la entidad con dinero público, se pulieron más de 4 millones de euros.

No faltó nadie a la fiesta: PP, PSOE, IU. Además de sindicalistas de UGT y CCOO. Barra libre para todos. Únicamente tres de los 86 directivos no hicieron uso de las tarjetas. Lo que debería ser normal se ha convertido en ejemplo.

Blesa, una vez que supo que no seguiría en su cargo, dilapidó 19.000€ durante su último mes en la entidad. Eso es despedirse a lo grande. Seguramente lo hizo con la misma desfachatez con la que decidió engañar a miles de personas con las preferentes.

Una vez que se ha destapado el uso fraudulento de las tarjetas, debemos seguir soportando que alguno continúe con la mofa. Como el líder de UGT en Madrid, José Ricardo Martínez, que dice que los 2.000€ mensuales que se gastaba “no son para tanto”. O como Pablo Abejas, del PP, que argumenta “ser una víctima”.

Cada día que pasa está más claro, este país no tiene arreglo. La desvergüenza, el mangoneo y el mamoneo es de tal envergadura que no hay modo de intuir por dónde empezar. Y lo que no conocemos, a saber lo que esconden las alfombras de las plantas nobles de los excelentísimos organismos.

A diario me pregunto qué sería de este país si no hubiese sido sometido a un latrocinio constante. Si no hubieran expoliado las arcas públicas con la impunidad y desfachatez que lo han hecho.

También me cuestiono si podemos hacer algo los ciudadanos de a pie para evitar que nos sigan chuleando del modo que lo están haciendo. Y, si pudiéramos, si estamos dispuestos a llevarlo a cabo o preferimos quedarnos sentados.

Tras comprobar cómo corrompe el poder, la pregunta definitiva es: ¿cómo nos comportaríamos si la oportunidad llamara a nuestra puerta?


Publicado en La Nueva Crónica de León el 8 de octubre de 2014

lunes, 6 de octubre de 2014

Dejad, que escojan ellas.


“Dejad, que escojan ellas”, decía Freddy. Y, entonces, nos reíamos a carcajadas. Lo decía con aire de suficiencia cuando, al salir de noche, veíamos a un grupo de chicas del mismo número que el nuestro y, cada uno de nosotros, iba diciendo quién de ellas le gustaba más.
Lo decía con petulancia, la que te proporciona la juventud y la inconsciencia. Éramos chicos aparentes, de aquella, incluso, nos creíamos guapos. Disponíamos de unas ciertas habilidades sociales, teníamos tiempo y dinero para gastar y nunca tuvimos prisa en volver a casa.

Y así es, no lo sabíamos entonces, pero ellas siempre escogen. Son ellas las que eligen, las que deciden quién debe ser quien las corteje, quién debe ser el que las seduzca una vez que han determinado que quieren ser conquistadas por esa persona.
Mientras, nosotros, los apuestos galanes, rebuscamos en nuestro interior algún resquicio detallista y romántico. Dejamos atrás, muy atrás, esa actitud de macho alfa que demostramos con nuestros colegas y que solo es una fingida pose. Todos somos conscientes de ello, pero nos gusta vivir en la mentira. Disfrutamos con ella, así reforzamos nuestra autoestima.

Creemos seducirlas, conquistarlas; y solo es así en parte. Debemos demostrar cada día, cuidar los detalles, hacerlas reír, preocuparnos y ocuparnos de ellas. Sorprenderlas, ser cariñosos o tener buena memoria. Es el examen que debemos superar, con estas y otras materias aún más complejas. Primeramente, ellas deciden si podemos presentarnos, más tarde si aprobamos. Así que: dejad, que escojan ellas.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Cosas con las que no se juega


Realmente debería existir, pero no siempre es así. Seguramente ocurra judicialmente, pero no tanto si quien juzga es la opinión pública. Debería existir, pero tendemos a pronunciarnos sin haber estado en el lugar de los hechos ni tener datos suficientes. Debería existir pero, dependiendo de quién sea el denunciado y quién el denunciante, pocas veces otorgamos la presunción de inocencia.

Lo vimos con la denuncia por violación que interpuso una chica en Málaga. Las redes sociales ardieron porque la televisión entrevistaba a cinco violadores, en muchos casos ni tan siquiera les otorgamos la categoría de presuntos. Simplemente se dio por cierto, nos pareció oportunista, repugnante y sensacionalista que se diera cobertura mediática a tipos de semejante condición.

Más tarde se criticó que la jueza archivara la denuncia. La hemeroteca podría proporcionarnos golosos artículos de opinión al respecto.

La semana pasada, la joven declaró que la denuncia era falsa y que las relaciones habían sido consentidas. Que actuó por miedo a que los jóvenes subieran a la red el vídeo que habían grabado mientras mantenían dichas relaciones.

Existen asuntos sobre los que jamás se puede frivolizar, con los que no se juega. Y éste es uno de ellos. Tan despreciable es quien lleva a cabo una violación como quien denuncia unos hechos que jamás ocurrieron. Al fin y al cabo, serán vidas marcadas para siempre, aunque de diferente modo.

Actuaciones de este tipo llevarán a muchos a cuestionar próximas denuncias. Pudimos verlo cuando ocurrieron estos hechos, poco tardaron algunos en airear su repertorio más machista. Todo ello sin conocer que lo denunciado no era lo que realmente había ocurrido.

Por no hablar de las muchas mujeres que verdaderamente han sido forzadas y ahora deben soportar que otra mujer haya tenido la desvergüenza e indecencia de denunciar falsamente. No puedo llegar a imaginar el sentimiento que han debido experimentar al enterarse de ello.

Ahora, a ver quién le niega la mayor al alcalde de Valladolid. Menos mal que prometió comedirse en sus declaraciones; habrá que verlo.

Publicado en La Nueva Crónica de León el 24 de septiembre de 2014

lunes, 22 de septiembre de 2014

Historias del abuelo cebolleta


Ya son casi tres semanas aquí, el tiempo ha transcurrido rápido, han sido varios los motivos. He hecho un par de incursiones fronterizas que terminaron por llevarme a casa y todo lo nuevo te mantiene expectante. Además, aunque es por casi todos sabido, los portugueses y españoles somos bastante parecidos.

He tenido un buen recibimiento, Portugal me ha demostrado esa amabilidad y educación que ya había advertido en todas las ocasiones que pisé suelo luso.

Oliveira do Hospital es una población pequeña, aunque no más que otras en las que he estado. El destino siempre ha querido, hasta el momento, que mi vida profesional transcurra en lugares tranquilos, lejos del barullo y estrés de las grandes ciudades. Al fin y al cabo, poco importa. Cuando un entrenador llega sin familia a un lugar, casi prefiere que haya poco que hacer más allá del baloncesto. De ese modo dejamos que aflore ese carácter enfermizo que nos caracteriza. Y así pasamos los días, de casa al pabellón y del pabellón a casa. Como dice mi amigo Sergi Grimau, no puede haber nada peor para un jugador que un entrenador aburrido.

El pueblo transmite paz, es un lugar con encanto, armónico, con calles empedradas y limpias. Con casas de dos plantas que se mezclan con algún edificio de varias alturas. Se sitúa a 30 kilómetros de la Sierra de Estrela, la única estación de esquí que hay en el país. No hace otra cosa que llover, estamos pasando el final del verano pensando que hace semanas que ha entrado el otoño.

El entorno es bonito; eucaliptos, pinares, montañas y ríos. Naturaleza a borbotones, clorofila y oxígeno sin restricciones. Decenas de rutas para caminar o andar en bicicleta.

Aún nos queda un base portugués para completar la plantilla y el cometido se está convirtiendo en imposible. Un suplicio, en ocasiones desesperante.

El equipo entrena bien, es gente joven con ganas de aprender y seguir mejorando, esas son cosas de agradecer. El sábado jugamos nuestro primer partido de pretemporada, ganamos 103-57, fue contra un equipo de Coimbra que juega dos categorías por debajo. A pesar de la abultada victoria, hay mucha faena por delante.

Percibo que me voy haciendo un abuelo cebolleta, no hay día que no le cuente a Abraham, mi joven briviescano ayudante, alguna historia. El se ríe y yo disfruto contándolas, ese es el primer síntoma del cebolletismo. El definitivo será cuando comience a repetírselas. Aquí no habrá vuelta atrás, será un camino de no retorno. ¡Menudo desastre!

A partir de este sábado empieza una pequeña locura de partidos, cinco en siete días. Lo único que le pido a la temporada es que nos respeten las lesiones, lo demás ya lo pondremos nosotros.