miércoles, 18 de diciembre de 2013

El tío Gerardo

Recuerdo la primera vez que le vi, moreno como si viniera de pasar seis meses en el Sáhara y no hubiese sido capaz de encontrar una palmera bajo la que protegerse del sol. Vestía camisa blanca, bermudas y mocasines. El verano de 2006 tocaba a su fin en Melilla. 

Me cayó bien nada más verle, afable, cercano y simpático, muy simpático. Tenía un porte algo chuleta que desaparecía en el momento que hablaba. Rebosaba sorna por los cuatros costados y poseía una conversación interesante y amena.

Las circunstancias hicieron que nos viéramos casi a diario, puesto que los ratos libres que le dejaba su trabajo los ocupaba como jefe de prensa del club. Con frecuencia, al salir del pabellón, nos tomábamos un par de “garimbas” o cuatro en la oficina, así es como llamamos al bar de la esquina que está en frente de la comisaria. 

Con él siempre habías risas, chascarrillos y bromas. Era simpático el jodío, mucho. Un día decidió abrirme las puertas de su casa para hacerme parte de su familia, y así me he sentido desde entonces. Nadie me ha dado tanto sin conocerme de nada.

Hubo muchos días duros en aquellos dos años de Melilla y él siempre acudió al rescate, en aquella casa nunca faltó un buen consejo, un cubierto más en la mesa y la honestidad del que da todo sin esperar nada a cambio.

Su cariño, el de Mari Ángeles y el de Laura pasó a formar parte de mi equipaje. Aquella casa estaba llena de sensibilidad, armonía y afecto, mucho afecto. 

Melilla mereció la pena por muchos motivos, pero si hubo alguno en especial fue conocerle a él. Así lo llevaré en mi recuerdo, con su bigote, su pelo blanco, su guasa, su modo de entender la vida, su buen humor, su sonrisa y esos abrazos que sólo él sabía dar. Aunque nos quedara mucho de lo que hablar y unas cuantas “garimbas” pendientes entre medias. 

Gerardo es ese tipo de personas que la vida te regala, aunque después sea tan hija de puta de quitártelas. Descansa en paz, tío Gerardo. Mañana Mendi y yo estaremos allí para mostrarte nuestro cariño, respeto, admiración y agradecimiento.